Valentín Amaro
Especial para elCaribe
Nuestro invitado de esta semana en “Espejo de tinta”, es Adolfo Duluc (Salvaleón de Higüey, 1982). Es editor, narrador, poeta, columnista, músico y catedrático. Licenciado en Educación con mención en Letras por la Universidad Nacional Evangélica (UNEV), ha impartido clases en colegios de su ciudad natal y en universidades como la Iberoamericana (UNIBE) y la Central del Este (UCE). Actualmente se desempeña como coordinador pedagógico del Instituto Agropecuario de Higüey.
Duluc ha cultivado narrativa, ensayo y poesía, siendo un promotor de la literatura oriental, especialmente haiku, tanka, haibun y senryu. Entre sus obras destacan Relatos recién nacidos (Santuario, 2012), Haikus isleños (Poetas de la Era, 2020), Cosmovisión social (2020, edición de autor) y Poemas reunidos (2021, edición de autor). Además, ha sido incluido en antologías como Poetas de la era III (2013) y Poemas y narradores del mundo (2015).
Duluc es un observador de su entorno y lo aborda con una mirada atenta, contemplativa y absorta. Los poemas de esta entrega configuran un universo de contemplación donde la naturaleza y la vida rural se revelan en instantes mínimos cargados de sentido. Predomina una estética de la sencillez que, a través de imágenes concretas, sugiere el paso del tiempo, la quietud y el movimiento. La presencia de elementos como el viento, el polvo, el agua y la luz articula una sensibilidad afinada a los ciclos y transformaciones del entorno. Esta muestra revela una mirada lírica que halla en lo cotidiano una forma de profundidad y resonancia existencial. En un tiempo en que la prisa nos consume, leerlo se vuelve una experiencia de singular gracia y encanto.
UNO
Leves pisadas
sobre sendero breve
hojas caídas.
DOS
En el sendero
el polvo cubre el pasto
viento sereno.
TRES
Corto sendero,
sol de la tarde encima,
polvo y silencio.
CUATRO
Hojas de otoño
caídas sobre el lago
al vaivén flotan.
CINCO
Mediodía
La hojarasca escasa
lleva el viento.
SEIS
Hojas que crujen
con un ventarrón diurno
almendra caída.
SIETE
Gotas de agua
en el trillo reseco
mueven el polvo.
OCHO
Cielo rojizo
rocío sobre el campo
cantan los gallos.
NUEVE
Cuesta abajo
reposan las ovejas
tarde cálida.
DIEZ
Cañaveral
los braceros pican
y el buey carga.
ONCE
Largo sendero
al filo de la montaña
arroyo vivo.
DOCE
Allá tan lejos
se levanta el pino
tórtolas posan.
TRECE
Cerca del río
el panal y los cajuiles
avispan rondan.
CATORCE
La empalizada
surcos de girasoles
calienta el sol.
QUINCE
Madrugada
sapos en el sendero
croan a la par.
DIECISEÍS
No queda nada
ha llegado la noche
mariposa en calma.
DIECISIETE
Titila el cocuyo
el canto de los grillos
irrumpe la noche.
DIECIOCHO
Una cigarra
en la noche estival
canta y resuena.
DIECINUEVE
Detrás de la loma
el sol apenas susurra
lechuzas vigilan.
VEINTE
Otro día
el buitre en círculos
oveja muerta.
VEINTIUNO
En el bohío
palomas veraniegas
coronan techo.
VEINTIDÓS
Cigüas palmeras
cargan charamicos
la alborada.
VEINTITRÉS
Mariposas
bailan con el viento
sobre la rosa.
VEINTICUATRO
Una cigarra
en la noche estival
canta y resuena.
VEINTICINCO
El Viernes Santo
presagia una victoria
¡El Cristo vive!
VEINTESEÍS
Constanza arriba
una llanura verde
un valle inmenso.
VEINTISIETE
Unos tres cuervos
sobre la rama seca
la noche fría.
VENTIOCHO
La gran montaña
pinos inmensos guarda
nieve en silencio.
VEINTINUEVE
Árbol colorido
rejuvenece al fin
en primavera.
TREINTA
Cerezo en flor.
El invierno ya lejos:
es primavera.
TREINTA Y UNO
Día de gloria
sobre la horrible tumba:
Él ha vencido.
TREINTA Y DOSI
En primavera:
las noches son brillantes,
el grillo canta.
TREINTA Y CUATRO
¡Oh, Oriente cruel,
tu aliento se extiende ya;
el caos reina.
TREINTA Y CINCO
El búho llega,
coronado de virus,
sobre la pandemia. l
