Antonio Gómez Sotolongo
Especial para elCaribe
En este artículo, que por su extensión se publica en tres entregas -y si no lo puedes leer ahora guárdalo para que lo leas después-, describiré las condiciones que hicieron de La Habana el centro de la música popular en el Caribe, y de cómo esa hegemonía la perdió durante la segunda mitad del siglo XX. En esta entrega número 2 examinaré la importancia que para el mercado de la música cubana tuvieron el cine, los hoteles, cafeterías, aires libres, salones de baile y cabarés, la crucial importancia que tuvieron las grabaciones desde las primeras décadas del siglo XX, y la potente y continental popularidad que le dieron la radio, la televisión y la prensa libre.
El cine desde las primeras décadas del siglo XX
El 23 de enero de 1897 los habaneros asistieron por primera vez a un espectáculo de imágenes en movimiento, presentado por el francés Gabriel Antoine Veyre (1871-1936), quien, según Arturo Agramonte, poco después filmó una película de un minuto que se exhibió el 7 de febrero de 1897, pasando a la historia de la cinematografía cubana como la primera película filmada en Cuba. En 1932 se estrenó el primer corto musical cubano, titulado Maracas y bongó, que según los créditos de la cinta fue «la primera película de este género que se producía en Cuba por artistas, técnicos y personal cubanos».
Estuvo dirigido por Max Tosquella y contó con las actuaciones, entre otros, de la soprano Yolanda González y el Septeto Cuba. En él se interpretaron las piezas «Vanidad», una criolla de Armando Valdés; «Lágrimas negras», una canción de Miguel Matamoros; «La cumbancha», una rumba de Fernando Collazo; y «Maracas y bongó», un son de Neno Grenet. En 1937 se estrenó La serpiente roja, primera película sonora filmada en Cuba; y en 1938, la película Romance del Palmar, que por mucho tiempo fue la película cubana con más éxito de taquilla. El cine supuso un eficiente medio de difusión para la música cubana durante la República, y tal fue su rentabilidad que en 1955 La Habana tenía 138 cines.
Hoteles, cafeterías, aires libres y cabarés
Desde el siglo XIX hubo bailes en teatros, hoteles, glorietas, cafeterías, casas particulares e instituciones privadas, conceptos que en el siglo XX se ampliaron hasta crearse interpretaciones tropicales de los cabarés de París y los teatros de Broadway. El cabaré habanero aceptó todos los géneros y aparecieron sitios como Sans Souci, Montmartre, Tropicana, el Salón Rojo, el Parisien, y muchísimos otros que presentaban espectáculos con música en vivo todas las noches; fueron fuente de entretenimiento, riqueza y empleos, y establecieron un mercado en el que se realizaron con vértigo los productos de la música cubana.
Las grabaciones desde las primeras décadas del siglo XX
En 1918 la Casa Humara tenía la exclusividad en la importación y distribución de los productos de la Victor y vendía anualmente «más de 10,000 máquinas parlantes». Entre los años 1917 y 1918 colocó en el mercado «un número de discos no menor de 200,000» y llegó a operar hasta 1959 «con más de cinco millones de pesos al año», en «una red comercial con más de trescientas agencias diseminadas por toda Cuba».
En 1926 la Victor Talking Machine Company comercializaba en Cuba la vitrola, un aparato tan eficaz que en 1953 llegaron a instalarse unas 6,000 en toda la isla y en 1957 la cifra se elevó a 15,000. Estas casas establecieron múltiples cadenas de suministro de productos de la música cubana, contribuyendo a que estos mantuvieran su hegemonía en los mercados y multiplicaran los capitales, tanto así que en 1940 se anunciaban, además de las ya mencionadas, la Compañía Cubana de Fonógrafos, La Casa de la Música y la Casa Barrié.
En 1944 Ramón Sabat (1902-1986) fundó el sello Panart, de donde salió en 1945 el primer disco hecho en Cuba, y un año después al menos una docena de agrupaciones registraron allí casi un centenar de matrices que quedaron impresas en millones de discos. Por solo citar algunas cifras, en 1949 vendió en tres meses 8,000 copias de la guaracha «Bigote de Gato», y en 1953, más de 20,000 de «La Engañadora». En 1959 había en La Habana dos fábricas impresoras de discos: la Impresora Cubana de Discos S. A (ICD) y la Cuban Plastic and Record Corporation, que imprimían las matrices de una docena de sellos discográficos.
La radio se une al mercado de la música
El 10 de octubre de 1922, con las primeras transmisiones producidas en la isla, la radio se unió a la industria que difundía la música cubana desde La Habana, y ya en 1933 Cuba era el cuarto país con mayor cantidad de radioemisoras, con un total de 62. Muy pronto las industrias se abrieron espacios en el dial y colocaron programas con sus nombres de marca. Las casas de discos y los sellos disqueros también se acercaron a la radio y la prensa comenzó a dedicarles cada vez espacios más extensos. Ya en la década del 40 La Habana era la ciudad con mayor densidad radial del mundo, con más de treinta emisoras, por lo que la competencia era recia y salían beneficiados los productos de la música cubana, porque estos eran el principal atractivo para que el público mantuviera la sintonía y porque los patrocinadores los utilizaban como «gancho» para anunciar sus bienes y servicios.
En 1956 Cuba tenía 5,800,000 habitantes que residían en 1,200,000 hogares, de los que más de un millón contaban con uno o más receptores de radio; esta puede ser una referencia de cuán importante era entonces la radio para los músicos, cuya música sonaba en millones de hogares al mismo tiempo. Todas las emisoras tuvieron música en todos sus programas, contribuyendo así en la conformación de los hábitos de escucha de extensos segmentos de la población, tanto en Cuba como en otras islas del Caribe y el sur de los Estados Unidos, donde se captaban las emisoras que transmitían desde La Habana.
La televisión le pone las imágenes a la música
El primer canal de la televisión cubana, Unión Radio Televisión, se inauguró oficialmente el 24 de octubre de 1950; y el segundo, CMQ-TV, el 11 de marzo de 1951. En 1957 ya había cuatro canales: CMQ-Televisión Canal 6, CMBF-TV Canal 7, Televisión Nacional Canal 4 y Canal 2 TV, que alternaban música, deportes, noticias, humor y cine.
Tomando al azar la programación del martes 1 de enero de 1957, es posible conocer que ese día, entre otras orquestas, cantantes y bailarines, se presentaron ante las cámaras de CMQ-Televisión Olga Chorens y Tony Álvarez con el Conjunto Casino, Martha Singer y la Orquesta Somavilla, la Orquesta Riverside y Tito Hernández, atracciones líricas y los pianistas Adolfo Guzmán y Rafael Somavilla, y Benny Moré y su orquesta.
El 19 de marzo de 1958, Tele-Color, S. A. Canal 12 transmitió la primera señal de televisión a color en Cuba desde el Hotel Habana Hilton, que se inauguraba también ese día. Según se anunció, actuarían Miguel Herrero y su grupo de arte español, María de Aragón, Olga Guillot, María Marcos, Fernando Albuerne, Arturo Gatica, Hilda Sour y Jorge Astudillo, Christina Denise y sus guitarristas, y una selección de artistas norteamericanos.
Mercado y prensa libre
Resumiendo, durante más de dos siglos La Habana tuvo teatros, universidades, cine-teatros, conservatorios de música, fábricas de discos, sellos discográficos, estudios de grabaciones, cabarés, cines, emisoras de radio, canales de televisión, periódicos como el Diario de la Marina y revistas como Carteles, Bohemia, Vanidades, Social y Orígenes, que acompañaron al público tanto para entretenerlo con banalidades como para servirle de báculo en el arduo proceso de aprehensión de las leyes estéticas que propician el pleno disfrute de las grandes obras del arte musical y escénico. La prensa cubana también llegaba con regularidad a los inmigrantes latinos en Nueva York y llevaba las nuevas de la farándula habanera y las listas de los éxitos musicales; por su parte, las disqueras se encargaban de poner en manos de aquel público los discos de moda en la isla.
Durante la República la industria de la música en Cuba corría por las paralelas de hierro del libre mercado y la ley de la oferta y la demanda, y eran los consumidores cubanos quienes trazaban las pautas de ese mercado. En ese competitivo mercado de la música popular profesional que se fue conformando, se crearon géneros musicales que se establecerían en el gusto del público con tanta firmeza como lo habían hecho las danzas cubanas durante el siglo XIX, y estos nuevos géneros surgidos en la isla durante el siglo XX fueron también objeto de apropiación por parte de muy diversos compositores. (Continuará en 3 de 3).l
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(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana. Correo-e: [email protected]
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.
