Stephany Ortega: de Mozart a la bachata con la misma honestidad

La soprano presentará «Mi vida en canciones» el 31 de julio y 1 de agosto en el Café Teatro Juan Lockward del Teatro Nacional.

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¿Qué necesita una soprano caribeña formada en Europa para cantar una bachata sin convertirla en aria y abordar a Mozart sin negar su raíz Caribe? La respuesta de Stephany Ortega plantea una exigencia: escuchar qué verdad pide cada música y tener la técnica para servirla. Esa convicción sostiene “Mi vida en canciones”, el espectáculo íntimo que presentará el viernes 31 de julio y el sábado 1 de agosto, a las 10:00 de la noche, en el Café Teatro Juan Lockward del Teatro Nacional Eduardo Brito, junto al maestro Manuel Tejada al piano.

Ortega ha diseñado una autobiografía cantada. Habrá música y anécdotas relacionadas con piezas populares dominicanas y latinoamericanas, junto con repertorio clásico. “La audiencia va a reconocer a la niña que empezó en la lírica, a la soprano que cantó en el Carnegie Hall y ante el Gran Duque de Luxemburgo, pero también a la mujer que nunca dejó de ser dominicana aunque viviera casi dos décadas fuera”, explica.

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La frase que mejor define esta etapa aparece cuando habla de cómo desea ser percibida en el país: “Quiero que el público dominicano deje de verme como ‘la soprano que triunfó afuera’ y empiece a verme como una artista dominicana completa, que puede cantar Mozart y bachata con la misma honestidad”. En su declaración hay una revisión de identidad: durante años, la validación internacional ha marcado la forma en que el país celebra a sus artistas, pero que puede convertirse en una etiqueta incapaz de explicar lo aprendido después.

De igual a igual

Esta entrevista forma parte del suplemento Cultura de este sáado 18 de julio. Disfrútalo completo acá
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Cantar Mozart y bachata con honestidad tampoco significa aplicar una misma emisión vocal a dos universos distintos. Mozart exige limpieza de línea, respiración disciplinada, precisión rítmica y dominio del estilo. La bachata necesita respeto por la palabra, flexibilidad en el fraseo y comprensión de una tradición de interpretación difícil. Una soprano puede poseer agudos brillantes y aun así fracasar en una canción popular.

Ortega conoce ese peligro y tiene una regla: “La técnica está para servir el texto, no para lucirse. Si un agudo no nace de la emoción de la letra, lo bajo de intensidad o lo quito”. La afirmación corrige una confusión frecuente: asociar calidad con potencia. Una voz grande impresiona, pero el control se revela también en la capacidad de reducir el sonido sin perder apoyo, afinación ni sentido. “Prefiero un pianissimo que erice la piel a un forte que solo impresione”, añade. Cantar suavemente puede requerir más dominio que sostener una nota espectacular.

Ese principio determina su concepto del pop lírico. Para Ortega, el género permite que la técnica académica y el lenguaje popular “se negocien de igual a igual”. En algunas canciones prevalecerá el fraseo popular; en otras, la proyección clásica ofrecerá el color adecuado. La decisión depende del texto, la melodía y la intención. “Si la canción se vuelve un vehículo para lucir agudos, eso es revestimiento operático y ahí pierdo el propósito. Si la técnica desaparece detrás de la emoción, ahí está el pop lírico de verdad”, sostiene.

Con la misma alma

Ortega busca canciones con historias de “pérdida, deseo o resistencia”, motores que también alimentan la ópera desde hace siglos. Cambian la armonía, el ritmo, el idioma y el espacio social; permanece la necesidad humana de contar aquello que duele, atrae o desafía. Por eso una bachata puede contener un conflicto tan reconocible como el de un aria, aunque cada género organice la emoción de manera diferente. El interés del concierto estará en escuchar cómo la cantante preserva esas diferencias mientras construye una narrativa personal.

En ese proceso, Manuel Tejada representa mucho más que un acompañante. Su memoria reúne décadas del sonido dominicano y latinoamericano, junto con una comprensión del piano como instrumento armónico y narrativo. Ortega habla de una “comprensión inmediata”, nacida de la admiración y el respeto mutuos, y destaca una experiencia que “no se aprende, se vive”.

El Café Teatro Juan Lockward completa la propuesta. La cercanía elimina parte de la protección que ofrecen una gran sala, el foso y el aparato operístico. “Si tiemblo, se nota; si me emociono, se nota”, admite la soprano. Desea conversar, mirar a los espectadores y lograr que el espacio se sienta como la sala de su casa “en compañía de amigos, no como un templo”. También allí aparecerá el Caribe, entendido como una forma de relacionarse con el público y de habitar el fraseo. “Cuando canto en francés, mandarín o alemán, llevo el sabor dominicano metido en el fraseo y en mis expresiones, y cuando canto un bolero llevo el control y la ampliación de la técnica clásica. No elijo entre las dos identidades: canto con las dos a la vez”, afirma.

“Mi vida en canciones” será celebración y declaración de futuro. Stephany Ortega revisará el camino de la niña lírica, la artista internacional y la mujer que regresa con preguntas sobre su lugar en la música dominicana. El desafío consiste en lograr que Mozart conserve su arquitectura, que la bachata mantenga su respiración y que ambas permitan reconocer a la misma intérprete. Allí reside la honestidad de la que habla: comprender que cada canción tiene una identidad propia y entregarle la voz que necesita.

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Coordenadas

  • Stephany Ortega: “Mi vida en canciones” con Manuel Tejada
  • Viernes 31 de julio / Sábado 1ero de agosto
  • 10:00 p.m.
  • Café Teatro Juan Lockward – Teatro Nacional
  • Boletas en venta en boleteria.com.do y en la boletería del Teatro Nacional

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