Valentín Amaro
Especial para elCaribe
Esta semana en “Espejo de tinta”, presentamos a José Calderón (San Cristóbal, República Dominicana, 1971), quien posee una licenciatura en Contabilidad por la Universidad Eugenio María de Hostos (Uniremhos) y una licenciatura en Letras por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tiene una especialidad en Gestión Cultural (SEE-UASD). Es miembro del Taller Literario César Vallejo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Sus poemas han sido publicados en periódicos y revistas nacionales como LA ESQUINA DE LOS POETAS que dirigió Maikel Ronzino en el periódico EL CARIBE, en la revista del Taller Literario César Vallejo y en la revista del Círculo Literario El Aleph. Una muestra de sus poemas aparece en la antología Al filo del agua, de Miguel Antonio Jiménez a propósito del XX Aniversario del Taller Literario César Vallejo. Tiene publicado el libro Sensaciones del silencio, por la Editora Nacional y Ediciones Ángeles de Fierro.
Hace mucho que no sé de José Calderón, un poeta hermano del Taller Literario César Vallejo con el que compartía tantas inquietudes. Me atrevo a publicar estos poemas porque sí, porque me da la gana y porque fui responsable del cuidado de la edición de su primer libro, Sensaciones del silencio, publicado por Editorial Ángeles de Fierro. Hablamos mucho. Junto a Hermes de Paula, Nouel Florián, Orlando Muñoz, Pedro Ortega, Ernesto Vantroy y otros poetas, nos debatíamos en una búsqueda insaciable de nuestras voces poéticas.
Ya estaba terminando el año 1999 cuando llegué al César Vallejo y allí me lo encontré, siempre inconforme con todo. Esto que escribo se lo dije varias veces: la poesía de José Calderón nos acerca a las inquietudes más profundas del ser humano: la soledad, el amor, el dolor y esa lucha interior que muchas veces libramos en silencio. En sus versos se percibe a un hombre que se mira por dentro, que se cuestiona e intenta comprender sus propias contradicciones, aun cuando no encuentra todas las respuestas.
El amor y el deseo aparecen junto a la incertidumbre, mientras la fe, la muerte y el sentido de la vida se convierten en motivos de reflexión. Su escritura, directa y sin demasiados adornos, transmite una sensibilidad que invita al lector a detenerse y reconocerse en algunas de esas emociones. Al leerlo, queda la impresión de estar frente a una poesía honesta, nacida de las dudas, las heridas y las búsquedas de alguien que se atreve a expresar aquello que no siempre resulta fácil decir.
AUTOBIOGRAFÍA
(Yo), ese animal incierto de la razón
otro prisionero del egoísmo irracional
de no comprender nada
de no comprender a nadie.
Eso nunca ha sido necesario
y al fin ante la lámpara y el espejo desnudo:
soy cobarde, lo confieso
he ahí el enigma del amado silencio
y mi soledad.
AMOES
Podríamos sufrir
volver a la vida y nacer del polvo
engendrados al calor de dos cuerpos
que combaten sin piedad
Podríamos definitivamente morir
ser seres indiferentes
¿A quien le importa mi muerte?
¿Quién soy para merecer un epitafio?
Henos aquí reunidos todos para perder
el tiempo
hoy ha muerto José Calderón
paz a sus huesos arrepentidos de haber sido
¡Infeliz infierno!
Feliz, el mundo lo ha olvidado
adiós infame…
OTRO HOMBRE SURGE DEL HOMBRE
I
Desde ayer ando pensando volver a tocarte
es como una suerte de necesidad.
Yo te pienso cuando siento tu olor penetrarme
y recorren tus senos mis manos
tu cuerpo en ese ir y venir de hondas
buscándonos en el recuerdo
de un norte proyectando ayer
II
Entonces vengo
y soy ese ser pertinente que espera
solidario del beso
cuando arde tu sexo lamido
sediento de tacto – caricias – sensaciones
Arde el gusto del tacto y sobre la tierra
palpita el agua su aliento
cuando destilas de los labios
el delirante éxtasis de mi deseo
para saciar la sed y degustar de mí
otra fuente en la curiosidad tuya
III
Una mujer se pronuncia ser mi dueña
a lo mejor y tiene razón y no lo sé
soy ajeno
tal vez yo no existo en ese sueño suyo
soy un extraño en sus manos
¿Quién sabe si la quiero?
¿Quién puede adivinar si en verdad ella me ama?
Recuerdo sus pezones duros
su sexo come mi sexo – me miran sus ojos
desnudotes sedientos
tiene hambre y sed de mí esa mujer que me ama
y miro unos ojos como se miran en mis ojos dormidos
no sé lo que ella ve en mí, si yo sigo dormido
en este sueño delicioso
viendo sus manos jugar a saber de mí el sabor
de la piel
amo la desnudez de estar tan lejos
de no ser yo – de ser vacío vencido en
sensaciones de silencio
de ser la nada y el signo transparente
que soy hoy
IV
Lo ves,
de vez en cuando es necesaria una
palabra tuya
lo dice tu mirada cuando es el signo evidencia
de tu ausencia
todo el pastel ocaso iluso alienando cosas
cuando andas aquí entre las sombras
V
Otro hombre surge del hombre
veo brotar de los escombros otro hombre que camina
se deja caer
hunde sus ojos en el silencio, mira adentro
cuando una puerta se abre y olvida su origen
entonces, mira el signo
simplemente fue simiente de otra especie
cuando arde en la pira a fuego lento
un nuevo espécimen condenado.
Es el sacrificio necesario de la guerra a los dioses
el claustro del poder sin precio
una gota de azúcar
zumo de limón con ensayo de pasos nuevos
la otra danza que a la sombra bailamos en silencio
cuando arden en los surcos abriendo sus dedos
semillas ciegas llenas de fe
La muerte ya no signa la nada
ni el llanto de un niño
ni el agrupamiento de los protegidos
todo queda bajo el suelo decadente del consejo
VI
Ahora sigo siempre la misma senda
cuando espero, pero me asalta un leve temor
dudo, si pudiera al menos estar seguro de ti
saber a conciencia, ser yo resignado
cuando me sigue el murmurar de voces
contingentes
espero, estoy solo aquí
y tú no llegas
LEVANTARSE Y CAER
El hombre es un animal diseñado
a la medida del dolor que sufre.
Condicionado al llanto, a las tristezas
paga caro por sus torpezas, por el azar
por la suerte cuando cede, cae, espera
anda en las pequeñas cosas de su ausencia
soporta hasta el fin lo inevitable
triste acecha detrás de la puerta
y es un mendigo del signo que se abre
ama como nadie caer en el abismo, lo busca
sueña siempre con caer
siempre esta cayendo para ser vencido
y no se rinde
por que morir su muerte
es la grandeza de ganar para siempre
un lugar en el espacio que todos están esperando
la corriente por ahí nos lleva.
ASÍ ES EL CIELO
Un día descubrí el dolor del silencio
supe el dolor de las horas
solo, sin nadie
sin paz
del aburrimiento dormido en el costado de las dudas
del suicidio meditado en medio del miedo de
la agonía cuando la sombra es otro fantasma
y entre las manos perdidas germina una semilla
para saber que no soy nadie
queda el asco
eso que a todos nos agobia
otro signo de impotencia
es solo eso
aquí ya nada ocurre
nada
