Cuando la ayuda se niega y la dignidad se vulnera

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Esta mañana, al despertar y ver la notificación en mi teléfono, pensé que por fin había llegado la respuesta que tanto esperaba. Creí que sería positiva. Sin embargo, al abrir el mensaje y leer con detenimiento, confirmé lo contrario: fue negada la ayuda que una familia de la tercera edad necesitaba con urgencia, aun después de haber presentado pruebas claras de las condiciones en las que viven y de las enfermedades que padecen.

Muchas veces, cuando realizamos trabajo de campo ese periodismo humano que ejerzo a diario, las historias quedan en el olvido. Se ignoran las necesidades, las enfermedades y, sobre todo, los derechos que por ley deben garantizarse a las personas cuando llegan a la tercera edad.

Hoy en día, pararse frente a una cámara y exponer las propias vicisitudes no es fácil. Pero se vuelve aún más doloroso cuando un tercero debe tocar puertas, mover teclas y pedir favores una y otra vez para que el verdadero protagonista el más vulnerable pueda obtener una respuesta positiva.

En más de una ocasión me pregunto si los ministerios y las instituciones creadas para velar por la estabilidad y la protección de las personas vulnerables realmente están cumpliendo su rol. Personas enfermas, adultos mayores y familias en condiciones extremas solo buscan una alternativa: una mano solidaria o una institución que, por obligación, debe canalizar las ayudas disponibles. Sin embargo, al final no ocurre nada. Solo se repite el discurso de que los “casos sociales” son muchos, aun cuando más del 60 % de la población sigue viviendo en condiciones de extrema pobreza. Paradójicamente, se afirma que ya salimos de la pobreza.

¿Hacia dónde van, entonces, las personas que aún necesitan ser escuchadas? ¿Dónde queda la intervención del El Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE), una ayuda del Dirección General de Proyectos Estratégicos y Especiales de la Presidencia (PROPEEP) o el acompañamiento real de entidades responsables como el Plan Social de la Presidencia o Supérate? No pueden seguir quedando en el olvido. Quienes hacemos periodismo humano muchas veces facilitamos el trabajo a instituciones que, por mandato, deben responder a estas personas a través de personal que aseguran estar capacitado para ello.

No necesitamos seguir humillando a quienes requieren ayuda, aunque sea mínima, para salir aunque sea un poco de la pobreza que muchos insisten en negar.

La dignidad no debería ser una solicitud, sino un derecho garantizado

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