Brisita con regalía

Con las fiestas navideñas regresa mucha gente de la diáspora, se prepara el éxodo al interior, se multiplican los buenos augurios y llega, por fin, la brisita de la época junto a la anhelada regalía pascual, esa masa de circulante que corre a velocidad acelerada por los comercios y desata la fiebre de compras, cuando todo el mundo se siente millonario por unos días a lo sumo. Es como si de pronto estuviera permitido comer de todo, beber hasta el hartazgo, gastar sin control, pero… a riesgo de parecer predicadores en el desierto, solo se pide moderación; en diciembre se termina el año pero no la vida, el mundo sigue andando y es mejor prepararse para evitar un interminable enero de caras largas y bolsillos vacíos.

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