Si vemos al PRM como extensión cuantitativa del PRD, con 30 de 34 años fuera del poder hasta su retorno en 2020, fue mucha la gente que en ese largo lapso solo olía donde guisaban. Por tantas necesidades acumuladas, se debió prever que pocos desearían quedar fuera de donde se bate el cobre, y así sucedió: no apareció el que se quedara atendiendo al partido, lo que provocó la gran distorsión de que los principales dirigentes fueron al gobierno y no hubo siquiera un enlace que mantuviera la simbiosis partido-gobierno. En la Dirección Nacional del PRM todos, sin excepción, son funcionarios y algunos, para empeorar, atienden sus propios cartones como “presidenciables”. Por eso, no aparece el Chapulín Colorado que dé la cara para defender al Gobierno, y a Abinader también.
