No necesariamente es que el pueblo sea bruto por aquello de que se deja engañar una y otra vez; al contrario, es lo suficientemente inteligente para darse los gobiernos que entiende satisfacen sus necesidades y para discernir entre lo original y la copia. Sin dar ejemplos que puedan resultar odiosos ni abundar con el pueblo terco y cabeza dura de la parodia de Bertolt Brecht, en la actual coyuntura cogen vuelo y se aúpa a “fenómenos” cuya figuración pública y “popularidad” la cimientan el ruido y el choteo en redes sociales y plataformas digitales. No se conoce qué proponen ni existe la menor idea de cómo piensan dirigir el país porque su especialidad, con excesiva vehemencia, es la chercha y la degradación de la verdad.
