Reza el refranero que las cosas son según el cristal con que se miren, lo que no es necesariamente una verdad de a puño y es hasta cierto punto relativo, porque a los hechos no hay manera de sustituirlos o enmascararlos. Es posible al amparo de los recursos de las nuevas tecnologías construir escenarios ficticios y hasta sembrar percepciones creíbles sobre la base de la mentira, pero eso es como construir castillos en el aire que se derrumban ante el menor cuestionamiento. La verdad verdadera, permítasenos la repetición intencional, “es insobornable y exigente”, para emplear palabras de monseñor Francisco Arnaiz. Por eso quien en el análisis o el debate altere el orden de los hechos, llevará las de perder porque la verdad siempre habrá de coincidir con la realidad.
