Hacer humor repentista o satírico precisa de cultura, “calle” y muchas vivencias. El país tuvo una época con muy buenos, liderados por Freddy, Cuquín, Boruga, Nani Peña y parte del elenco de La Escuelota. Otra generación de jóvenes talentosos también hizo escuela. Lamentablemente con el paso del tiempo fueron desplazados por otros dignos imitadores, por otros cómicos que paradójicamente no provinieron del arte sino de la política, que improvisan y que proponen cuestiones como si estuvieran diciendo lo primero que se les ocurra en torno a temas en la palestra. Es tal su afán de figuración pública, que actúan con la premura del echa día que vive de lo “comío por lo servío”, y no aporta nada para el adecentamiento de lo que debiera ser su oficio, la política.
