Si yo fuera asesor de comunicación del presidente Luis Abinader, que durante casi seis años acostumbró a comparecer semanalmente ante los periodistas, y suspendió esos encuentros durante meses y luego decidió recuperarlos cambiando a los periodistas por funcionarios, tendría una primera pregunta: ¿qué problema estamos tratando de resolver?
La comunicación presidencial puede cambiar. Los gobiernos cambian estrategias, formatos y horarios. También descubren que una rueda de prensa tiene un inconveniente difícil de corregir: los periodistas preguntan. Y suelen preguntar precisamente sobre aquello que el Gobierno preferiría explicar otro día.
El nuevo formato tiene antecedentes. Iván Duque, durante la pandemia en Colombia, utilizó “Prevención y Acción”, donde conversaba con ministros, funcionarios y especialistas para explicar las decisiones gubernamentales. Funcionó en una circunstancia excepcional porque existía una necesidad diaria de información. Pero trasladar esa lógica a la comunicación ordinaria de un gobierno merece otra discusión.
El problema no consiste en que el presidente converse públicamente con sus funcionarios. Puede resultar interesante verlo preguntar por una obra, reclamar una fecha o pedir explicaciones sobre un programa. El problema comienza cuando ese mecanismo sustituye las preguntas independientes.
Porque entonces ocurre algo curioso: el presidente escoge el tema, el Gobierno proporciona los datos, el funcionario responde y el presidente pregunta. Todos conocen el expediente y pertenecen al mismo Gobierno. La posibilidad de una pregunta inesperada desaparece convenientemente del salón.
Yo habría recomendado mantener ambas cosas. Una semana dedicada a examinar la gestión con los funcionarios y otra reservada para los periodistas. Gobernar requiere supervisar, pero también responder.
Además, cuanto más se acerca un presidente al final de su mandato, más necesita someter sus resultados al escrutinio público. Ya existen promesas que revisar, funcionarios que evaluar y decisiones que explicar. Eliminar al periodista no elimina ninguna pregunta. Solamente cambia el lugar desde donde será formulada.
Y existe un riesgo adicional: que la ausencia de periodistas termine siendo más comentada que las explicaciones de los funcionarios.
Un presidente puede hacer excelentes preguntas a sus ministros. Pero la democracia necesita también algunas preguntas que el presidente no haya pensado hacer.
Quizás precisamente esas sean las más importantes.
Demuéstrame que estoy equivocado…
