Con eme de milonga

Descendiente de la habanera, madre del tango, la milonga tiene dos variantes, la primera surge en los campos del sur, donde la llanura se impone a la visión del hombre como si lo rodeara un horizonte circular.

Borges cuenta que el escritor francés Pierre Drieu La Rochelle, al ver esa inmensidad acuñó la expresión “vertige horizontal”, y ese vértigo es lo que lleva al gaucho a templar su guitarra con esos compases simples para tratar en sus letras “serios asuntos”, como dice Atahualpa Yupanqui.

La otra variante de la milonga es la que llega a los salones capitaleños, tocada por orquestas, y se gana un lugar como “hermana menor del tango”. Ambas variantes se desparraman por el mundo y llegan a París, a Nueva York, a Barcelona, entre otras grandes ciudades.

Se le llama también milonga, en sentido figurado en el fútbol, a la gambeta o regate, que es el arte de pasar a un jugador rival sin perder el balón, lo que requiere una habilidad que cualquier “pibe” sudamericano, desde Colombia y Brasil hasta el Río de la Plata, aprende desde que da sus primeros pasos.

De ahí la expresión popular “le dieron una milonga” cuando se habla de un partido en que un equipo gana un juego con muchos regates, algo que, en el fútbol moderno, planificado con estrategias basadas en la velocidad, se ve cada vez menos.

Edson Arantes Do Nascimento (Pelé), Mané Garrincha, Ademir Da Guía y Maradona cultivaron el arte de la gambeta y supieron mantener en vilo a tribunas multitudinarias con su habilidad para manejar una pelota.

La milonga tanguera más famosa de todos los tiempos fue obra del compositor uruguayo Horacio Antonio Castellanos Alves, alias Pintín, por su elegancia y su aspecto de “dandi”, que en lunfardo se llama “pinta”, equivalente a buen vestir. Esa composición se titula “La puñalada” y la mejor versión, insuperable, fue grabada por la orquesta de Juan D’Arienzo…

Si ese ritmo tiene ese compás pegadizo, que lleva a mover los pies con un paso acompasado en un salón de baile, no es de extrañar que se extrapole al fútbol cuando un virtuoso ejecuta uno o varios regates que terminan en una “puñalada” convertida en gol, y aun menos extraño resulta que milonga se escriba con eme de Messi.

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