En los libros de geografía de mi adolescencia figuraba un capítulo que hablaba de las razas que habitaban el planeta, la negra, predominante en África, el Caribe y minoritaria en Norteamérica, la amarilla, predominante en Asia, la blanca, que estaba en todo el mundo y la roja, de la que quedaban pocos remanentes en reservas indias de EE.UU. Al descifrarse el genoma humano se demostró lo que muchos antropólogos ya decían desde mediados del siglo XX, que las razas humanas no existen y que hay más diferencias genéticas entre individuos que se suponen de una misma raza que entre otros que, supuestamente, son de razas diferentes.
Pero el racismo, una clasificación de los seres humanos que responde más que nada a intereses de explotación del hombre por el hombre, todavía persiste en el imaginario de la humanidad en general, y es agitado por las derechas europeas y americanas, y por cientos de grupos supremacistas neonazis que persisten en todo el mundo y se expresa, primero, en el odio a los migrantes, que es más profundo si son de piel oscura, a tal punto que los negros durante muchas décadas fueron considerados seres de segunda o tercera categoría.
En un país como República Dominicana, donde la negrofobia persiste aunque se insista desde distintas instancias en que aquí no hay racismo, la gente se ha inventado una serie de categorías que hasta figuran en los documentos de identidad para no considerarse negra: indio oscuro, indio claro, trigueño, moreno, blanco oscuro, y cuando ya no hay posibilidad de negar el color de piel porque es demasiado oscuro, se usa la palabra prieto.
En mi caso vengo de un país donde mi color de piel se considera negro, fue el sobrenombre con el que los amigos y conocidos me llamaron toda la vida, pero aquí en Dominicana nadie me considera negro pese a que me reconozco como tal. Esto me lleva a pensar que el concepto de negritud actúa más bien como un constructo, y que puede motivar la negación al punto de que muchas personas, pese a tener la piel más o menos oscura, no se autoperciben como negras.
Obviamente, no todos los dominicanos son negros, los hay rubios, blancos, pelirrojos y hasta albinos, pero negar la propia negritud es una falacia tan grande como decir que las razas humanas existen.
