Dios tiene un propósito para ti

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A lo largo de los años he escuchado a muchos seres queridos decirme: “El Señor tiene un propósito para ti.” Esa frase, tan simple y poderosa, ha resonado en mi corazón en distintos momentos de mi vida. Sin embargo, confieso que por mucho tiempo no entendía su verdadero significado. Me preguntaba si de verdad todo lo que ocurre estaba escrito en ese libro que solo Dios conoce, o si yo podía cambiar mi historia con su permiso y su guía.

Hoy sé que todos nacimos con un propósito. Nadie llega a este mundo por casualidad. Quizás estás aquí para transformar la vida de un desconocido con una palabra de aliento, con un buen consejo o, incluso, con una sonrisa capaz de iluminar el día más gris. Dios obra en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo que parece insignificante, porque allí se revelan los mayores milagros.

Cada vez que entro a la casa del Señor Jesucristo, siento una seguridad que no encuentro en ningún otro lugar. Las prédicas que escucho parecen dirigidas a mi alma, como si Dios hablara directamente a ese rincón que alguna vez estuvo vacío. Es allí donde encuentro la paz que el mundo no puede ofrecer.

En días recientes, mientras atravesaba momentos de desánimo, abrí la Biblia buscando respuestas, y mis ojos se posaron en un versículo que transformó mis pensamientos:

“Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos.” – Salmos 138:8

Al leerlo, comprendí que no debía preocuparme por quienes lanzan piedras sin motivo, ni por la envidia que a veces se levanta cuando simplemente haces el bien. El enemigo utiliza corazones débiles, pero Dios siempre revela la verdad, muchas veces a través de una sola acción, una palabra o un silencio.

Hoy, en este viernes lluvioso, entiendo que el propósito de Dios no siempre se revela de inmediato. A veces se esconde detrás del dolor, de la confusión o de las pruebas que parecen no tener sentido. Pero cuando el alma se dispone a confiar, Él cumple su palabra. Y aunque no siempre entendamos el “por qué”, podemos descansar en el “para qué”.

Porque cuando Dios escribe la historia, cada pausa, cada lágrima y cada sonrisa tienen un propósito eterno.

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