Según los estudiosos la fecha surgió en el Imperio Romano, cuando un sacerdote llamado Valentín desafió una orden del emperador Claudio, que había prohibido los casamientos entre jóvenes porque los varones solteros eran mejores soldados.
Valentín, que consideraba al matrimonio un sacramento, casaba en secreto a las parejas, hasta que fue descubierto y sacrificado. Otra leyenda dice que esa celebración buscaba reemplazar a las lupercales, unas fiestas paganas de la fertilidad que se celebraban el 15 de febrero en la antigua Roma.
El día de San Valentín es en nuestros tiempos el día para celebrar el amor y la amistad, cuando los escaparates se llenan de ositos rojos y blancos y muchos intercambian chocolates, abrazos y buenos deseos, cuando a las chicas solteras se les augura que consigan un buen marido y los mayorcitos festejan con dulces de todo tipo.
En las últimas décadas, posiblemente debido a la globalización y al poder de los medios, prácticamente nadie puede sustraerse a esta celebración, periódicos organizan concursos de cartas de amor entre sus lectores, algunas radios suelen premiar la historia romántica más votada por sus oyentes y convocan a su cabina a las parejas ganadoras.
Las vidrieras se llenan de ofertas alusivas y los presentes más comunes suelen ser tazas llenas de golosinas, las tiendas venden camisetas y blusas con imágenes de Cupido o corazones entrelazados, de modo que aún los más escépticos e incrédulos tienen forzosamente que participar en esa corriente cariñosa que ha adquirido un fuerte tinte comercial.
No son pocos los que permiten que aflore su vena poética y se animan a regalar unos versos de su propia autoría, a veces muy sugestivos, a una persona en particular, a manera de velada declaración de amor.
Tal vez no esté del todo mal, al margen de cualquier contradicción o punto de vista distinto sobre el significado de esta fiesta, embarcarse en esta corriente de amor en medio de un mundo donde el odio es promovido a todos los niveles, y saciar al menos por un día el hambre de caricias que padece una sociedad que se debate cotidianamente entre el apuro y la indiferencia.
