El claroscuro universitario

Antonio Gramsci escribió en la prisión de Turi: “La crisis consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en ese interregno se producen los fenómenos mórbidos más variados”. Esta frase, por razones que escapa explicar a esta Pincelada, nos llega como: “El viejo mundo muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.” La sentencia regresa cuando las instituciones se sientan a elegir su próximo rumbo, en momentos de transición, y la Universidad Autónoma de Santo Domingo está en ese momento.

Cada elección universitaria es, antes que un certamen de cargos, un litigio sobre la universidad que se quiere. Pero, muchas veces, en campaña, el debate de las ideas y las propuestas académicas corre peligro de rendirse ante el ruido de las consignas y ceder terreno a lealtades de ocasión.

La pregunta sobre qué universidad necesita el país queda aplazada por la aritmética de los apoyos y la necesidad de ganar. En ese intervalo turbio aparecen las sombras del interregno gramsciano.

Pero toda transición siempre ofrece una oportunidad. Las elecciones son también una oportunidad de hacernos las preguntas que el ruido pospone: qué espera el país de su universidad, cómo se vincula la investigación con los problemas nacionales, por qué la excelencia sigue siendo, tan a menudo, consigna de campaña en lugar de práctica.

La UASD, en sus casi cinco siglos, ha resistido dictaduras, ocupaciones extranjeras, penurias presupuestarias y sus propias contradicciones internas. Y ha resistido porque siempre hubo dentro de ella una comunidad dispuesta a defender su identidad cuando la presión venía de afuera, y a cuestionarla cuando el problema venía de adentro. Eso es lo que Gramsci, a su manera, estaba señalando: que los períodos de transición no son solo peligrosos, también son momentos en que es posible escoger con conciencia. La próxima gestión tendrá la responsabilidad de consolidar todo lo que valga la pena de las anteriores, corregir todo lo necesario y mirar más lejos de lo que el calendario electoral permite ver.
Porque las urnas pasarán. Los resultados, previsibles, también. Lo que quedará es la calidad de las ideas que sobrevivan a la campaña y su posterior ejecución.

Al final, la pregunta esencial de esta hora universitaria es si acudimos a las urnas para administrar el presente, destruir el pasado y empinarnos sobre él, o para tomar lo mejor de ese pasado e imaginar y construir el futuro entre todos, esa diferencia no es menor, en ella se juega el destino de la academia más antigua del Nuevo Mundo.

El verdadero desafío no es decidir quién conducirá la universidad en los próximos años, esa cuestión el consenso, dentro y fuera, parece haber adelantado como nunca; el desafío es más profundo, es decidir qué universidad queremos dejar a quienes algún día ocuparán sus aulas, tanto físicas como virtuales. En ese camino, todos debemos ayudar a la próxima gestión y, de manera particular, al próximo rector Dr. Jorge Azjana David. ¡He dicho!

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