Los sectores más sensibles del país mantienen la esperanza de que el Estado dominicano, en algún momento, se conduela y vaya en auxilio de nuestra niñez desprotegida.
El tiempo sigue transcurriendo, pero sin dejar huellas en positivo para los llamados “niños de la calle” que, además, no tienen tampoco la protección de sus padres que también -por la misma terrible circunstancia social que los acogota- viven en la más abyecta miseria.
Como lo precisé en otra serie de artículos, las referidas instancias tienen en común ejecutar efectivos planes que deben ir en la misma dirección para amparar a la niñez desprotegida.
Es el objetivo por lo que siempre ha abogado el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (Conani) y la Unicef.
Dentro de esa terrible realidad, se observa que República Dominicana también cuenta con organismos del sector privado que hacen “lo imposible” para que, aunque sea a medias, puedan ir en rescate de la niñez andrajosa.
En este periódico se publicaron -en el 2025- reportajes diseñados bajo el mismo tema: Los niños de la calle siguen pasando por una historia incierta.
Lo que se quiere es que ese camino negativo se cambie por otro sendero que señale un futuro altamente positivo, acorde con la sanidad, la educación y en sentido general el verdadero desarrollo para los infelices infantes.
Es el mismo objetivo que pueda garantizarles un futuro realmente promisor, que les permita despojarse de la aguda desnutrición y que puedan insertarse en los segmentos de la alimentación, la salud y la educación.
Hay que insistir sobre tan cruda realidad que se sintetiza en que nuestro país tiene una niñez desamparada.
Es una verdad que no debe ser denegada y que desde tiempos inmemoriales tiene una vigencia sencillamente dezlenable.
¿Cuándo República Dominicana podrá celebrar que su niñez desamparada, indigente y andrajosa haya salido del pesado lodo social que la sitúa en la la más extrema pobreza?
¡Que el Estado dominicano dé la más clara y sincera respuesta!
