¿Trabajo para perpetuarme o para aportar?

«¿Y por qué trabajas tanto?».preguntó mi hija menor, hace muchos años, En el momento respondí lo de siempre: por ti, y por tu hermana, para llevarlas a lugares lindos y comprarles muchas cosas. Gracias a un libro recordé esa tarde, y reflexioné sobre esa respuesta.

Llevo años empeñada en impulsar iniciativas que todavía que algunos tildan de prematuros. Con cada iniciativa y cada nuevo reto, he comprendido que construir es fácil de justificar, pero difícil de explicar. Decimos que lo hacemos por el desarrollo, por la gente, por las próximas generaciones. Y no deja de ser cierto, en parte. Sin embargo, no es toda la verdad.

El libro al que me referí antes, es de Ernest Becker; The Denial of Death, (te lo recomiendo)

Su tesis es profundamente reveladora: todos sabemos que la vida es finita y casi nadie tolera esa certeza. Por eso gastamos gran parte de nuestra existencia edificando cosas que logren sobrevivirnos. Un nombre, una empresa, una marca, hijos, una causa.

Para Becker, de ahí brota una enorme cuota de la ambición humana. En su obra posterior, Escape from Evil, argumenta que de esa misma raíz surge gran parte de la intolerancia colectiva: quien cuestiona nuestras creencias pone en riesgo aquello en lo que depositamos nuestra esperanza de trascendencia.

Por supuesto, hay que ser justos con los matices de la vida. No todo impulso nace del miedo, también existen la curiosidad genuina, el placer por el trabajo bien hecho y el afecto puro por los demás. Mis hijas no son un proyecto de inmortalidad; son seres maravillosos a los que simplemente ge querido ver crecer, y hoy veo convertidas en mujeres con un gran compás moral. Y, aun así, cuando observo mis propios proyectos, reconozco el deseo íntimo de dejar una huella perdurable cuando yo ya no esté.

¿Tiene algo de malo? Absolutamente no. Becker no condena la ambición; advierte sobre el peligro de ignorar de dónde proviene. Quien evade esa pregunta termina construyendo para aplacar un temor que no se atreve a nombrar, y ese miedo ciego suele transformarse en vanidad, obsesión o cerrazón ante quien piensa diferente.

Por eso hoy mi respuesta a mi hija sería distinta: Trabajo por ustedes, sí. Pero también trabajo porque, al igual que todos, aspiro a que mi paso por este mundo no sea en vano. Asumirlo me otorga una nueva perspectiva: me vuelve más humana y, paradójicamente, más libre para elegir proyectos que valgan el esfuerzo por su propio valor, y no solo por lo que los demás digan de mí.

Hazte la pregunta esta semana: ¿qué estás construyendo y de qué estás huyendo? Tal vez la respuesta no sea fácil de digerir, pero te pertenece por completo

Hazte la pregunta esta semana: ¿Qué estás construyendo y de qué estás huyendo? Tal vez la respuesta no sea fácil de digerir, pero te pertenece por completo.

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