Por diversas razones de mucho peso, los jóvenes de hoy son más sensibles a situaciones que los de antes tomábamos diferente. Pero hay frases que no se debieron decir a nadie.
Como los más nuevos tienen una vida diferente, léase con menos problemas fundamentales, reaccionan de otra manera a las mismas frases. Así mismo, hoy tenemos más conocimiento y podemos evitar lo que no es útil.
No estoy tratando de que seamos más suaves con ellos, sino más asertivos. Algunos pensarán que decirles estas frases los harán más fuertes, pero no es así.
–Diego Sosa, a mí me las dijeron y gracias a eso soy quien soy.
No es gracias a eso, es a pesar de eso. Vivimos otra época y punto. También en nuestra época había niños con sus necesidades cubiertas y los padres les trataron diferente. Algunos se hicieron fuertes, otros no. De todas maneras, cada uno de nosotros arrastra malos sabores de algunas frases típicas de nuestra infancia.
Como las siguientes:
“¿Por qué no eres como tu hermano?”. También nos comparaban con primos, compañeros del colegio, hijos de amigos de nuestros padres, y otros más. Claro, siempre puede haber alguien que haga algo mejor, pero esa misma persona tiene otras cosas que no hace tan bien. El paquete completo es balanceado. Comparar con otros no es asertivo. Lo asertivo es corregir lo que no es bueno para así ser mejor cada día. Quizá te lo decían y hoy quieres ser mejor que otros y no mejor que tu yo de ayer… que es al único que debes superar.
“Si no haces esto, no te voy a querer”: Condicionar el amor puede ser muy estresante. Aunque los adultos sabemos que no es posible, los jóvenes se lo pueden creer. Pueden pasar la vida buscando validación de los demás, principalmente cuando entran en una vida de pareja.
“Cállate, no sabes lo que dices”, es otra. ¿Puedes encontrar alguna frase que has arrastrado desde la niñez y sigues usando? Quizá te puedes dar cuenta de si te es de utilidad o si prefieres cambiarla por una más asertiva.
