La salud humana y el medio ambiente están constantemente sometidos a los factores contaminantes derivados de las prácticas humanas, dando paso a la degradación ambiental hasta provocar el cambio climático. La contaminación por plástico puede considerarse como una pandemia global, al ser un factor determinante del alcance de este problema.
Las investigaciones han arrojado datos alarmantes. Partículas de microplásticos y nanoplásticos se han localizado en diferentes partes del cuerpo humano y se estima que podrían alterar nuestro ADN, con consecuencias insospechadas, lo que plantea desafíos para la comunidad científica y las ciencias de la salud.
De hecho, el avistamiento inquietante en comunidades de Estados Unidos de animales salvajes con deformaciones, genera la hipótesis de la existencia de enfermedades o mutaciones asociadas con el cambio climático.
Estos factores contaminantes también forman parte de la cadena alimentaria; su degradación es muy lenta y depende del tipo de plástico, el entorno y las condiciones climáticas propias del lugar; mientras que para su fabricación pueden utilizarse hasta 16 mil químicos, de los cuales menos de la mitad se han estudiado para conocer su impacto negativo en la salud de los seres humanos y la degradación de los ecosistemas.
El plástico navega a lugares impensados. Hay hallazgos de microplasticos en lugares tan remotos e inhóspitos como La Antártida. Según el portal virtual British Antarctic Survey, en tres lugares diferentes del también llamado continente blanco fueron localizados tipos de plásticos comunes como poliamida, utilizado en textiles; tereftalato de polietileno, presente en botellas y otros tipos de envases; polietileno y caucho sintético.
Y que decir de las islas de plástico flotantes, que han reconfigurado la vida marina y la imagen de los océanos, sin que a la fecha exista un criterio ni estrategia unificada entre países para abordar la situación.
Ante un panorama tan adverso, ¿qué están haciendo los organismos multilaterales y los estados? La Organización Mundial de la Salud promueve las investigaciones y la firma de un tratado internacional para controlar la polución por plástico y motiva la reducción o eliminación total de sustancias químicas que alteran las hormonas del cuerpo, una iniciativa a la que se oponen países productores de petróleo, como Irán, Arabia Saudí y Rusia, así como las economías emergentes de China y la India, donde ademas se producen, se utilizan y se exportan gran parte de estos productos contaminantes.
Es casi impensable que arriben a acuerdos que les impida continuar sacando provecho de este nicho de mercado, una alternativa para mantener la producción de petróleo ante el auge que viene tomando el uso de la energía limpia.
El embajador de Ecuador en Londres, Luis Vayas-Valdivieso, quien desde 2022 preside las negociaciones para realizar un Tratado Vinculante sobre Contaminación por Plástico, motivado por la Organización de las Naciones Unidas, afirma que esta crisis de contaminación por plástico carece de una convención, mientras que a otros temas por igual preocupantes le han creado una, siendo los casos de la Convencion sobre Biodiversidad y la del Cambio Climático, que tiene el Acuerdo de París.
Según el diplomático: “Uno de los mayores obstáculos fue el enfrentamiento entre, por un lado, más de 100 países que pedían no centrarse solo en el reciclaje sino reducir la producción de plásticos, y por otro, las naciones que venden la materia prima para elaborar el plástico: el petróleo”.
Pero lo más preocupante, desde mi punto de vista, son las regulaciones establecidas, pero que no se cumplen, de una lista extendida de países, a los fines de prohibir parcial o totalmente la fabricación y utilización de plásticos de un solo uso, porque al no ser reutilizables generan un mayor volumen, practicamente imposible de reciclar a niveles manejables.
Por igual, se debe hacer cumplir el principio de Responsabilidad Extendida del Productor, un marco legal en el que se establece la responsabilidad de los productores, importadores y los que comercializan plásticos, con el ciclo de vida de sus productos, post-industrial y post-consumo.
La modificación a la Ley 225-20 de Gestion Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos, pendiente de aprobación por el Senado de la República, es una oportunidad que como país tenemos para establecer un marco regulatorio moderno, acorde con nuestra realidad y como debemos revertir lo que estamos haciendo mal.
Hay que continuar sensibilizando y orientando sobre el alcance de esta iniciativa, pero sobre todo, motivar el compromiso ciudadano y de los sectores que en mayor medida están involucrados en las prácticas que de alguna manera comprometen nuestra salud y la preservación de nuestros ecosistemas, recordando que por pequeña que sea, ¡cada acción cuenta!
