Las transiciones figuran entre los procesos más complicados en la vida del ser humano, tanto así, que no todo el mundo logra superar con éxito el paso por las distintas etapas de la vida. En el plano social y político, hemos observado aquí y fuera de las fronteras, modelos de éxito y de fracaso en el paso de una etapa a otra.
Las transiciones políticas, sociales e institucionales suelen generar incertidumbre, un vivo ejemplo es la fusión del Ministerio de Educación con el de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, que da la impresión de que no ha avanzado lo suficiente a casi dos años desde que se informó la decisión.
En la era de gobierno del PRM y el presidente Abinader, el Ministerio Pública, es la institución que ha generado la mayor atención, no solo por la cantidad y tamaño de los casos de corrupción que ha sometido, también porque el órgano forma parte de una propuesta de campaña que pasó a política de Estado.
Los cambios en la institución, abarcan una reforma constitucional que decidió un nuevo modelo de elección de la figura del procurador general de la República y un periodo fijo de dos años en el cargo. La actual procuradora, Yeni Berenice Reynoso, ha sido una figura relevante del Ministerio Público, no ahora, sino desde que esa institución inició el proceso de autonomía con la reforma constitucional de 2010 fue trasladada de la fiscalía de Santiago para la del Distrito.
En la etapa de Abinader, fue nombrada procuradora adjunta y directora de Persecución, lo que la encasilló en un perfil de funcionaria confrontativa, un estilo que no siempre se ajusta a una figura de Estado. El gran reto de Reynoso en su nuevo cargo, es hacer la transición de una figura beligerante a un perfil de Estado, que implica mayor sobriedad. La magistrada procuradora lleva poco más de un año en el cargo, el balance de su manejo alcanza para sustentar que va logrando la transición con éxito.
