El Gran Caribe sigue dando muestras de resiliencia ante los embates del cambio climático, que se hace más perceptible durante la ocurrencia de eventos atmosféricos y la llegada del sargazo, el cual se ha convertido en un fenómeno cíclico que pone en riesgo la salud humana, la vida marina, la dinámica del turismo y la generación eléctrica, tal como acontece con la salida parcial de las operaciones de la Central Termoeléctrica Punta Catalina.
La región está explotando el potencial que tiene en diferentes direcciones; el turismo, es fuente esencial de ingresos de muchas islas del Caribe. Un informe elaborado por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) y Oxford Economics, proyectó un crecimiento sostenido del turismo para los próximos años y destacó los niveles récord alcanzados en 2024.
El turismo actualmente transita por una etapa en la que se privilegia la sostenibilidad, a propósito del cambio climático y la huella ambiental derivada de las actividades humanas. Estos temas, al que se añade la sensibilidad generada por la pandemia, ha dado un giro a las preferencias de los vacacionistas.
El enfoque es conectar a los turistas con las comunidades locales y se prioriza lo que ellas producen. Crea mucho interés los productos orgánicos, como parte del estilo de vida saludable para quienes lo consumen y sustentable para la preservación de la naturaleza. El hecho está en producir en la cantidad necesaria, a precios competitivos, además de posicionar los productos en el mercado y garantizar la cadena de suministro.
La oferta se está diversificando, más allá del servicio todo incluido y el atractivo sol y playa. La inmersión cultural, gastronómica, el contacto con la naturaleza, las experiencias auténticas y el lujo con propósito ya son una tendencia que está creando cambios en la forma en que se articula y se desarrolla el turismo en esta parte del mundo.
En su más reciente informe titulado “Repensar el turismo en el Caribe: Estrategias para un futuro más sostenible”, el Banco Mundial citó las oportunidades que tiene la región para revitalizar el turismo, destacando desde mi perspectiva, la economía o turismo azul, que es el aprovechamiento sostenible de los recursos oceánicos; así como la sostenibilidad ambiental y social, considerado el principal indicador de interés de los vacacionistas de Estados Unidos a la hora de escoger un destino para el turismo de aventura, según un estudio realizado en 2024 por el indicado mecanismo.
Asimismo, el Banco Mundial expuso el auge del turismo de cruceros, el cual está en auge, en especial el multidestino. La República Dominicana es un referente en la región, con la cantidad de visitantes que arriba a sus diferentes puertos, impactando directamente las economías locales, creando empleos. Esto sin dejar de lado la inversión pública y privada que genera para mantener la infraestructura necesaria para su operatividad.
En un trabajo publicado por la revista Mercado, con el título “Cruceros en el Caribe: Generan US$4,200 millones y su creciente influencia turística”, publicado en su portal digital el 28 de octubre de 2024, nos ubica como el cuarto destino, una posición privilegiada dentro de tan vasta y diversificada oferta.
De acuerdo a ese reporte, “Durante el periodo 2023-2024, se crearon un total de 94,027 empleos relacionados directamente con el sector de cruceros en los destinos del Caribe, lo que representa un incremento del 19 % en comparación con la última encuesta realizada en 2018. Estos empleos generaron salarios por un total de 1.270 millones de dólares, aportando estabilidad y crecimiento a las economías locales de los destinos participantes.”
Indiscutiblemente, la región cuenta con condiciones excepcionales para explotar el turismo de aventura, de montaña y otros que van dentro de la línea del ecoturismo.
Es oportuno mencionar por igual, el potencial que tiene la región para gradualmente cambiar su matriz de generación eléctrica, sustituyendo los combustibles fósiles por energía limpia, aumentado la producción de energía eólica y solar, porque son recursos inagotables con los que cuenta durante casi todo el año. La República Dominicana tiene un liderazgo consolidado en la materia, al contar con los parques más grandes, lo que conlleva una inversión que es sostenible en el tiempo.
La visión hacia futuro y la colaboración regional de los estados que tengan intereses en común, junto al acompañamiento de organismos internacionales, sobre todo en materia de orientación, supervisión y financiamiento, puede marcar la diferencia.
