Manzanillo y la canción de luz que venció al olvido

Luis Córdova
Especial para elCaribe

Hay días en los que el cronista deja de ser un simple relator para convertirse en testigo de un acto de justicia. Recuerdo cuando visité por primera vez Montecristi. El presidente Balaguer lo había declarado “polo turístico” y las excursiones escolares se volcaron a visitar la casa museo del generalísimo Máximo Gómez y el Morro, por supuesto, su reloj, suspendido en la promesa de que en algún momento a este pueblo le llegaría su hora.

Aunque la hermosura de sus llanuras y el seductor calor de su costa nos evocaran más de una nostalgia, estas comunidades padecían de olvido. Al volver a ese rincón donde el mapa dominicano parece estirarse para besar el Atlántico, Pepillo Salcedo no fue solo el escenario de una inauguración termoeléctrica; fue el territorio de un renacimiento.

La puesta en marcha de Manzanillo Power Land no es solo un logro o un legado en las estadísticas energéticas. Los 950 millones de dólares de inversión y los 414 megavatios que ya fluyen al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) son cifras que imponen respeto, pero la verdadera noticia no reside en los voltios, sino en la mirada de la gente de Montecristi.

El presidente Luis Abinader encabezó un acto que tuvo la bendición del nuncio Piergiorgio Bertoldi y el empuje visionario de los empresarios de Energía 2000, liderados por Jaime Santana, quien selló un compromiso histórico. El Noroeste se levanta y marca su impronta en la generación eléctrica; ya no solo es el sur. Hoy, esa asimetría comienza a ser parte de un pasado que ya no nos define.

Pero más allá del hormigón, el gas natural y el ciclo combinado, lo que se respiraba en el ambiente era una promesa cumplida. Lo dijo el Presidente con la sobriedad de quien sabe que los hechos pesan más que los discursos: “Montecristi está renaciendo”. A pesar de su hidalguía agrícola de arroz, banano y sal, y de su belleza natural, cargaba décadas de abandono estatal, es ahora que suma un pulmón logístico sin precedentes: un puerto multimodal que ya espera cruceros, un aeropuerto enlazará al corazón de Santiago y una zona industrial que promete convertir el olvido en exportación de tecnología.

Un acto que marcó la fecha como una de sus principales efemérides en la historia local fue la interpretación, por primera vez en público, de una canción dedicada a la ciudad del Morro. En las voces de diversas generaciones de cantantes aunadas en los acordes, melodías y letras de Alex Mansilla, nació un himno de esperanza que brotó en medio de la ceremonia y que pareció darle voz a las miles de familias que encontraron sustento en los más de 5,000 empleos generados durante la obra. En los rostros de los vecinos de Manzanillo, esa melodía no era solo música; era la certeza de la dignidad recuperada.

Jaime Santana lo resumió con una frase que tiene aroma a futuro: “Ya se está alumbrando desarrollo en cada rincón de Manzanillo”. Y tiene razón. Porque la energía, cuando se gestiona con visión de Estado y responsabilidad privada, deja de ser un servicio para convertirse en un derecho humano que devuelve la fe.

El trabajo infatigable de Guillermo Estrella, quien insufló aliento cuando los vientos de la incertidumbre soplaban con fuerza, ha transformado una idea en una realidad. Bien lo resume en una frase que se escuchó más de una vez en el acto: “Esta obra se hizo cuando parecía imposible, se sostuvo cuando parecía incierta y se terminó porque hubo hombres y mujeres que decidieron no rendirse”.

Regresé de Montecristi con la sensación de que, esta vez, la luz llegó para iluminar el espíritu de una comunidad que se resistía a ser borrada por la desidia. Manzanillo Power Land es, en esencia, un acto de fe, una canción de luz que venció al olvido.

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