Por fin conocemos los resultados de la Evaluación del Desempeño Docente 2025-2026. Después de casi una década sin realizar este ejercicio a escala nacional, el Ministerio de Educación presentó los datos el pasado 16 de octubre. Y aunque las cifras revelan dificultades en las competencias profesionales de una proporción considerable del magisterio, hay hallazgos que merecen atención porque podrían estar indicando que algunas de las inversiones realizadas durante los últimos años comienzan a producir resultados.
Alguien que conozco suele decir que los maestros y maestras que ingresaron al sistema educativo dominicano después de 2015 tienen una forma distinta de enfrentar los desafíos de las aulas. Su argumento es que pertenecen a una generación formada bajo criterios de ingreso universitario más exigentes y que ha tenido acceso a mecanismos de acompañamiento durante sus primeros años de ejercicio profesional. Los resultados de la evaluación parecen darle parte de la razón.
Entre los profesores con uno a cinco años de servicio, el 47.1 % alcanzó las categorías de competente o destacado, mientras apenas el 13.7 % obtuvo resultados regulares o insuficientes. La situación cambia entre quienes acumulan de 26 a 30 años de ejercicio, grupo en el que el 28.5 % alcanzó las categorías superiores y el 34.6 % quedó entre regular e insuficiente. Hablamos de una diferencia de 18.6 puntos porcentuales a favor de los docentes de ingreso reciente en las categorías de mayor desempeño.
Detrás de esta diferencia podría encontrarse parte de la explicación de una política que comenzó a tomar forma en 2015. Ese año se estableció la Normativa 09-15, que introdujo requisitos de admisión para quienes aspiraban a estudiar Educación, incluyendo pruebas de aptitud académica y mecanismos de selección. La intención era modificar una realidad en la que el magisterio había sido percibido durante años como una carrera de acceso relativamente fácil y con posibilidades de inserción laboral.
A ello se sumaron distintas iniciativas de inducción docente. En 2016, el Ministerio desarrolló un proceso de orientación dirigido a 22,365 postulantes al concurso de oposición. Posteriormente, la Resolución 11-2022 reglamentó el Programa Nacional de Inducción (PNI), mediante el cual los docentes recién incorporados reciben acompañamiento pedagógico para su integración al sistema educativo. Son intervenciones de naturaleza diferente, pero responden a una misma preocupación sobre la preparación del profesorado.
Conviene aclarar que la evaluación no demuestra que estas políticas sean las responsables directas de los resultados generacionales. Para establecer esa relación habría que estudiar las trayectorias de los profesores, los programas que cursaron y las condiciones en las que trabajan. Pero los datos ofrecen razones para investigar esa posibilidad y seguir apostando por la formación docente.
De hecho, el Instituto Nacional de Formación y Capacitación del Magisterio (Inafocam) informó en julio de 2026 que, desde agosto de 2020, se habían destinado RD$15,758.8 millones a programas de desarrollo profesional docente. La institución reportó 461,655 participaciones en sus distintas modalidades de formación, incluyendo 16,665 en posgrados y 432,290 en formación continua. Actualmente, otros 7,364 profesores cursan 146 programas de especialización, maestría y doctorado en 23 instituciones de educación superior.
Ahora bien, los resultados también revelan cuánto trabajo queda pendiente. La evaluación convocó a 122,919 docentes y produjo 109,338 calificaciones finales válidas. Aunque el promedio general fue de 85.4 puntos, en el Ejercicio de Rendimiento Profesional el 58.4 % obtuvo una calificación insuficiente y el 16.7 % quedó en la categoría regular. Dicho de otra manera, tres de cada cuatro docentes tuvieron dificultades en este componente, que mide su capacidad para aplicar conocimientos y resolver situaciones propias de la enseñanza.
Hay sectores gremiales que han cuestionado aspectos del proceso. La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) ha planteado reclamaciones sobre revisiones de calificaciones, incorporación de docentes pendientes e incentivos salariales. Son asuntos que corresponde resolver con procedimientos verificables y respeto a los derechos del magisterio.
Pero hay una discusión que debería reunirnos a todos. Si tenemos evidencia de diferencias entre generaciones de docentes y hemos destinado miles de millones de pesos a su formación, necesitamos conocer cuáles intervenciones están dando resultados y dónde corresponde invertir más.
Será particularmente interesante conocer los análisis del Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (Ideice) y de Acción Empresarial por la Educación (Educa), así como los estudios que puedan producir las universidades sobre estos hallazgos.
La oportunidad está en fortalecer la formación inicial, ampliar el acompañamiento profesional y mejorar las condiciones de vida y trabajo de los docentes. También corresponde someter a revisión las decisiones del Consejo Nacional de Educación, las políticas del Ministerio, la participación del gremio y las responsabilidades de la ciudadanía. Después de años de inversiones, contamos con información para identificar dónde están las dificultades y qué experiencias merecen ser estudiadas. Sería una oportunidad desperdiciada convertir estos resultados exclusivamente en una disputa sobre calificaciones e incentivos.
Con este escenario, podemos empezar a decir que, así como decía hace poco el Minerd, estamos más listos que nunca para transformar el sistema educativo dominicano. Las condiciones están dadas para investigar, consensuar e invertir.
