El 3 de este mes, tropas élite de Estados Unidos, comandadas por el presidente de esa nación, Donald Trump, invadieron el espacio aéreo y terrestre de Venezuela y se llevaron al presidente de ese país sudamericano, Nicolás Maduro.
De inmediato, se sintió la algarabía de muchos habitantes de Venezuela, así como de más de ocho millones de venezolanos que han emigrado en los últimos años debido a la difícil situación económica y social de esa nación, cuya independencia y soberanía fueron gestadas por Simón Bolívar y otros grandes hombres.
La mayoría del pueblo venezolano estaba hastiada de la forma dictatorial de gobernar del depuesto presidente Maduro. Su actitud burlesca y, en ocasiones, aparentemente bonachona, disimulaba el verdadero “monstruo” que esconde en su interior.
Sin embargo, la euforia de los venezolanos y de muchos extranjeros que aman a ese país ha adquirido un sabor agridulce tras la postura asumida por quien en principio fue visto como un héroe por destronar al dictador: Donald Trump, que ahora parece considerarse dueño y señor de Venezuela.
Mostrando un comportamiento no esperado, aunque no extraño dada su forma de actuar en la vida pública y privada, al presidente de Estados Unidos “se le ve el refajo” cuando expone su interés en apropiarse del petróleo venezolano y de otras riquezas minerales de esa nación.
“Como botín de guerra”, Trump ya anunció que tiene “un acuerdo” con el Gobierno venezolano para recibir entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, los cuales serían vendidos en el mercado norteamericano.
Los recursos provenientes de ese negocio podrían caer en manos de los mismos que durante años han malgastado las riquezas de Venezuela, sin beneficiar a los verdaderos dueños de ese patrimonio, como es el pueblo venezolano, tanto los que permanecen en el país como los más de ocho millones de emigrantes que se han visto obligados a salir por la crisis económica y el maltrato social de sus gobernantes.
Por acciones como esa es que Trump ha mostrado una “grata disposición” a gobernar Venezuela aliado con lo que muchos consideran “la banda de los Maduro”, encabezada ahora por la actual presidenta del país, Delcy Rodríguez, descartando a políticos que han enarbolado la intención de recuperar la nación sudamericana.
Venezuela necesitaba liberarse del yugo de Nicolás Maduro y su gente por cualquier vía. Pero no para caer en manos de otra figura que también muestra un interés particular; no en su desarrollo.
Alguien debe concientizar a Trump para que permita que el noble y trabajador pueblo venezolano inicie de forma libre la construcción de su nuevo destino, impulsado por sus riquezas naturales y el amor al trabajo digno.
