El beethoveniano prepara su reto mayor: las nueve sinfonías

Amaury Sánchez desliza, en primicia, su próximo gran proyecto: un ciclo con las nueve sinfonías de Beethoven en cinco grandes conciertos.

Amaury Sánchez habla de Beethoven con una mezcla de entusiasmo, respeto y sentido de misión. No lo menciona como un compositor más dentro de una temporada posible, sino como una fuerza que ordena una manera de entender la música, la orquesta y el oficio creativo.

En medio de la conversación con elCaribe previa al exitoso concierto de Mahler del pasado miércoles, Luis Gorelik, la Filarmónica de Santo Domingo y los próximos proyectos de su agenda, el productor y director desliza, en primicia, su próximo gran proyecto: en 2027, año en que se conmemoran los 200 años de la muerte de Ludwig van Beethoven, Sánchez quiere montar las nueve sinfonías del compositor alemán en cinco grandes conciertos.

La frase no llegó envuelta en solemnidad, pero contiene una ambición enorme: “El año que viene, como se cumplen los 200 años de la muerte de Beethoven, vamos a tener el ciclo de las nueve sinfonías en cinco grandes conciertos”. Luego añadió un dato de calendario todavía en fase de organización, pero suficientemente claro para marcar el horizonte del proyecto: “sería en la primera mitad del año”. También mencionó a Darwin Aquino como uno de los directores invitados que podrían participar en la empresa.

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El anuncio importa porque las nueve sinfonías de Beethoven no son un repertorio cualquiera. Son columna vertebral de la música occidental. En ellas se escucha la transformación de la sinfonía desde el clasicismo heredado de Haydn y Mozart hasta una forma nueva, más libre, más conflictiva y más cercana a la idea moderna de arte como expresión de conciencia individual. Interpretarlas completas implica asumir una travesía artística, logística y simbólica.

En Santo Domingo, además, el proyecto tendría una lectura institucional: colocaría a la Filarmónica ante uno de los ciclos más exigentes y visibles que puede asumir una agrupación sinfónica. No se trataría únicamente de tocar Beethoven, sino de atravesar, en cinco noches, la evolución de un lenguaje que cambió para siempre la relación entre compositor, orquesta y audiencia.

El beethoveniano daba señales

Amaury Sánchez no llega a Beethoven por oportunismo de calendario. Su relación con el compositor tiene historia reciente y confesión pública. En una entrevista concedida a El Caribe en mayo de 2025, a propósito de uno de sus conciertos dedicados al genio alemán, lo dijo sin rodeos: “Lo primero es que yo soy beethoveniano (…) Beethoven es la persona, el músico, el genio que realiza la transición entre el Período Clásico y el Período Romántico, es quien sienta las bases para el romanticismo musical, (y es) uno de los más grandes músicos de la humanidad, sino el más”.

Los conciertos Todo Beethoven y Todo Beethoven 2 fueron anticipos de esa relación. En ellos, Sánchez y la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo comenzaron a medir una conexión con el público alrededor de un repertorio que conserva poder de convocatoria, pero que también exige preparación, discurso y contexto.

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Ante ello, la pregunta inevitable es cómo se puede organizar un ciclo de nueve sinfonías en cinco conciertos. Amaury todavía no ha detallado públicamente la arquitectura completa del proyecto, pero su idea abre posibilidades interesantes: un ciclo cronológico que permita mostrar la evolución de Beethoven desde las dos primeras sinfonías, todavía conectadas con el mundo clásico, hasta la Novena, donde el lenguaje se vuelve monumental.

Lo que viene

La conversación sobre Beethoven apareció previa al concierto dedicado a la Sinfonía n.º 1 “Titán”, de Gustav Mahler, una obra colocó a la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo ante una plantilla ampliada, una gran exigencia técnica y una lectura de escala internacional con el maestro argentino Luis Gorelik como director invitado. Ese dato importa porque muestra una continuidad: permite comprender por qué Mahler no fue una idea casual y Beethoven tampoco parece ser un golpe de efecto. Amaury Sánchez está construyendo una narrativa de crecimiento para la Filarmónica: Mozart, Beethoven, Chaikovski, repertorio dominicano, Mahler y ahora la posibilidad de una integral beethoveniana.

Consultado sobre por qué piensa en proyectos de esta escala, Amaury argumenta con el origen de su formación. Recuerda que fue miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional durante 17 años: “15 años fui músico y los otros dos fui director asistente. Era una época de mística, de temporadas largas, de conciertos en pueblos, de una vida musical organizada alrededor del trabajo constante”. Y, en su remembranza, aparece Carlos Piantini, figura fundamental de la dirección orquestal dominicana. “Era un trabajador impresionante: llegaba temprano, se sentaba en el podio y la orquesta empezaba cuando debía empezar”.

La agenda de Amaury para los próximos meses no se agota en Beethoven. En la conversación también menciona la posibilidad de desarrollar conciertos en iglesias durante el último tramo del año, especialmente con repertorio del período clásico. Asimismo, adelanta la reorquestación de su Misa festiva dominicana, una obra estrenada en 1996. La pieza tendrá una nueva vida con orquesta, coro, grupo folclórico y solistas. En su recuerdo, esa misa marcó un antes y un después en su carrera, asociada al encargo de Pedro Rodríguez Villacañas y a una frase que no ha olvidado: “Vas a ser una persona antes de la misa y otra después de la misa”.

Si Mahler fue una montaña reciente para la Filarmónica, Beethoven será una cordillera completa. Nueve sinfonías, cinco conciertos y una pregunta de fondo: ¿hasta dónde quiere llegar una orquesta y un director cuando deciden medirse con el compositor que cambió para siempre la idea de ser artista? Amaury Sánchez ha lanzado la señal, ahora queda convertirla en calendario, programa, experiencia y memoria. Porque tocar Beethoven siempre es más que tocar Beethoven: es entrar en la mente que diseñó cómo la música occidental podía hablar en primera persona.

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