Los motivos del lobo de Rubén Darío ¿Quién es realmente la bestia?

Raudi Encarnación
Especial para elCaribe

¿ Y si los animales no fueran los verdaderamente salvajes? ¿Y si la violencia que vemos en ellos fuera, en realidad, una respuesta al comportamiento aún más cruel del ser humano? Estas preguntas nos invitan a reflexionar no solo sobre nuestra propia naturaleza, al leer Los motivos del lobo de Rubén Darío, sino también sobre la moral en la sociedad actual.

En este poema, el autor presenta una historia aparentemente sencilla, pero cargada de significado, en la que se pone en duda quién es, en verdad, la bestia: el lobo o el hombre. A lo largo de este, Darío sugiere que la verdadera violencia no está en el animal, sino en el ser humano, quien, a pesar de tener la capacidad de razonar, muchas veces actúa sin medir las consecuencias de sus actos, especialmente cuando estos afectan a los más débiles.

Desde el inicio, el lobo aparece como una figura temida. Es descrito como un animal feroz que ha causado muerte y destrucción, lo que refuerza la idea común de que los animales salvajes son peligrosos por naturaleza. Sin embargo, poco a poco el poema nos lleva a cuestionar esa visión tan directa. La llegada de Francisco de Asís marca un cambio importante, ya que él no responde con violencia, sino con comprensión. Este acto introduce algo muy importante: antes de juzgar, es necesario comprender.

  • Rabioso, ha asolado los alrededores; cruel, ha deshecho todos los rebaños; devoró corderos, devoró pastores, y son incontables sus muertes y daños.
  • Francisco, con su dulce voz, alzando la mano al lobo furioso dijo: –¡Paz, hermano lobo!”
    Cuando el lobo explica sus acciones, lo hace desde la necesidad, es decir, no actúa por maldad, sino por supervivencia. Aquí se establece una diferencia clave entre el animal y el ser humano. El lobo no razona ni toma decisiones éticas; responde a sus instintos. En cambio, el ser humano sí tiene la capacidad de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, pero aun así, muchas veces elige actuar de forma dañina.
  • Y el gran lobo, humilde: — “¡Es duro el invierno, y es horrible el hambre! En el bosque helado no hallé qué comer; y busqué el ganado, y en veces comí ganado y pastor”.
    El propio lobo evidencia esta contradicción al señalar que ha visto a los hombres matar sin necesidad.
    -Yo vi más de un cazador sobre su caballo, llevando el azor al puño; o correr tras el jabalí, el oso o el ciervo; y a más de uno vi mancharse de sangre, herir, torturar, de las roncas trompas al sordo clamor, a los animales de Nuestro Señor.
    ¡Y no era por hambre, que iban a cazar!
    Esta afirmación revela una verdad incómoda: el ser humano no siempre actúa por necesidad, sino muchas veces por conveniencia, costumbre o incluso placer. Aquí es donde entra en juego la justificación moral de los actos. Muchas personas creen estar haciendo lo correcto, pero en realidad actúan en función de sus propios intereses, sin considerar el daño que pueden causar a otros.
    Francisco refuerza esta idea cuando afirma que: “En el hombre existe mala levadura. Cuando nace, viene con pecado. Es triste. Mas el alma simple de la bestia es pura” . Esto sugiere que el animal no tiene malicia en su esencia, mientras que el ser humano, aunque racional, puede actuar con egoísmo. En la sociedad actual, esto se refleja en decisiones que, aunque parecen correctas desde cierta perspectiva, en realidad responden a intereses personales. Se actúa no porque sea lo moralmente justo, sino porque es lo más conveniente, sin medir el impacto en los demás, especialmente en quienes tienen menos poder o recursos.
    En el poema, el lobo acepta cambiar y logra convivir en paz con los humanos. Se vuelve dócil, incluso confiado. Este momento representa una posibilidad de armonía basada en el respeto mutuo. Sin embargo, esta convivencia se rompe, y es aquí donde el poema revela su mensaje más profundo.
  • Fueron a la aldea. La gente veía y lo que miraba casi no creía.
    Tras el religioso iba el lobo fiero, y, baja la testa, quieto le seguía como un can de casa, o como un cordero.
  • Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo en el santo asilo.
  • Salía a la calle, iba por el monte, descendía al valle, entraba a las casas y le daban algo de comer.
    Cuando el lobo vuelve a la violencia, no lo hace sin motivo. Al ser cuestionado, explica que observó en los humanos actitudes llenas de negatividad y además confiesa que fue maltratado. Este punto es fundamental, porque introduce la idea de reacción. El lobo no regresa al mal de manera espontánea, sino como respuesta a un entorno que lo rechaza y lo hiere.
  • Mas empecé a ver que en todas las casas estaban la Envidia, la Saña, la Ira, y en todos los rostros ardían las brasas de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
    Hermanos a hermanos hacían la guerra, perdían los débiles, ganaban los malos, hembra y macho eran como perro y perra, y un buen día todos me dieron de palos.
  • Y así, me apalearon y me echaron fuera.
    Y su risa fue como un agua hirviente, y entre mis entrañas revivió la fiera,
    Esto nos lleva a una reflexión muy importante: cuando los más débiles reaccionan de manera violenta o negativa, ¿cuáles son los motivos detrás de esa reacción? Al igual que el lobo, muchas veces estas conductas no surgen de la nada, sino como consecuencia de un trato injusto, de la exclusión o del abuso. Sin embargo, la sociedad suele juzgar estas reacciones sin cuestionar las causas que las provocaron.
    El poema también pone en evidencia cómo el ser humano puede actuar con crueldad hacia quien no puede defenderse. El lobo, que había cambiado y confiado en los hombres, termina siendo víctima de ellos. Esto refleja una realidad frecuente y es el abuso hacia los más vulnerables. El ser humano, que debería actuar con mayor conciencia moral, termina dañando a quienes están en desventaja.
    Una de las frases más impactantes del poema resume esta crítica: “ y me sentí lobo malo de repente; mas siempre mejor que esa mala gente”. Aquí, el lobo reconoce su propia transformación, pero al mismo tiempo establece una comparación que resulta inquietante. Aun siendo violento, se considera mejor que los humanos, lo que pone en evidencia una profunda falla moral en la sociedad.
    El final del poema es silencioso, pero significativo. Francisco no responde; simplemente se retira con tristeza. Este silencio puede interpretarse como una aceptación de la verdad, el problema no está en el animal, sino en el comportamiento humano. La incapacidad del santo para cambiar esta realidad refleja lo difícil que es transformar una sociedad que actúa sin una verdadera conciencia moral.
  • El santo de Asís no le dijo nada.
    Le miró con una profunda mirada, y partió con lágrimas y con desconsuelos,
    y habló al Dios eterno con su corazón.
    En conclusión, Los motivos del lobo no solo presenta una historia sobre un animal salvaje, sino que plantea una reflexión profunda sobre la moral y la conducta humana. A través del lobo, Rubén Darío nos muestra que muchas veces la violencia no nace del instinto, sino de la injusticia y del trato recibido. En la sociedad actual, esto se refleja en decisiones tomadas por conveniencia, sin considerar sus consecuencias, y en el maltrato hacia los más débiles. Tal vez, entonces, la verdadera pregunta no es por qué el lobo actúa con violencia, sino por qué el ser humano, teniendo la capacidad de actuar con justicia, decide no hacerlo.

Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

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