En nuestro país rara vez el trabajo voluntario se reconoce como tal; por eso urge visibilizar su valor. Acusamos amplias brechas sociales, el Estado se manifiesta incapaz para alcanzar a todos y así, el voluntariado emerge como acto de justicia y solidaridad. Construye puentes donde el Estado no llega, fortalece vínculos, siembra ciudadanía. Jóvenes que limpian nuestras playas y costas, que enseñan, que rescatan personas o animales en peligro, que reciclan, comunidades que se organizan, y más, más que dar una ayuda ocasional ejercen una forma de ciudadanía activa. El voluntariado enriquece el tejido social, fortalece la empatía y construye país desde abajo. Aunque no remunerado, urgente reconocerlo como trabajo legítimo, con impacto real y sostenido.
