La inteligencia artificial ya está sentada en el pupitre dominicano. El informe de PISA 2025 divulgado esta semana revela que la mitad de los estudiantes dominicanos usa chatbots al menos una vez por semana: un 44 % lo usaría para investigar, un 40% para resumir textos y un 36% para redactar tareas.
La pregunta ahora es ¿están aprendiendo más o simplemente “terminando más rápido”? La OCDE ofrece una pista: en los países que sondea la organización, los estudiantes que usan IA de forma moderada para aprender obtienen resultados similares, e incluso ligeramente mejores en algunos usos, que quienes apenas la utilizan. Pero, cuando el uso se vuelve intensivo, el rendimiento tiende a caer. La asociación no prueba causalidad, aunque el patrón importa: una herramienta que ahorra esfuerzo también puede ahorrar, precisamente, el esfuerzo que deriva en aprendizaje.
El hallazgo abre (o debería afianzar) una línea de discusión para el sistema educativo dominicano. La cuestión ya no parece ser si los estudiantes utilizarán inteligencia artificial, porque una parte considerable ya lo hace, sino cómo enseñarles a utilizarla de manera crítica, responsable y orientada a ese aprendizaje.
La discusión educativa sobre IA se ha transado en una pelea entre prohibirla o celebrarla, cuando la pregunta relevante es qué parte del trabajo mental le exigimos al estudiante. La tecnología siempre ha prometido eficiencia; la escuela, en cambio, necesita fricción: aprender implica equivocarse, volver atrás, comparar, recordar, argumentar y soportar durante unos minutos la incomodidad de no saber.
El dato dominicano añade otra preocupación: solo el 40% de nuestros alumnos dice planificar con frecuencia cómo estudiar y apenas el 46% se pregunta si realmente entendió el material. Estamos incorporando una máquina extraordinariamente buena dando respuestas en un sistema donde todavía debemos fortalecer la capacidad de hacerse preguntas. Por eso el reto no consistirá en detectar quién usó IA, sino en diseñar tareas donde copiar respuestas sirva de poco: defender decisiones, explicar errores, contrastar fuentes y demostrar cómo se llegó a una conclusión. Tampoco será declararle la guerra a ChatGPT: la IA puede ser tutor, contraparte, simulador y corrector, pero en un marco responsable donde no sea el vehículo que lleve al estudiante hasta la meta.
El próximo analfabetismo quizá no sea no saber usar inteligencia artificial, será saber usarla para hacer de todo, excepto pensar.
