Bueno o malo en el país desayunamos, almorzamos y cenamos con política. Dicho así, parecería que los políticos son versados y graduados de ese oficio pero, a decir verdad, en su mayoría no son profesionales; improvisan y se equivocan tanto porque, como les diría Tucídides: “Esperan el desastre para hablar del problema”. Pocos de ellos leyeron a Guderian: “No existen situaciones desesperadas, solo gente desesperada”, y mucho menos se guían por Maquiavelo: “Difícilmente resulta vencido el que sabe evaluar sus fuerzas y las del enemigo”. El político que no tiene escuela pierde el enfoque de lo estratégico por decepciones coyunturales y ninguno, aquí si vale generalizar a boca llena, se ha enterado de cómo pensaba Duarte: “La política no es una especulación, es la ciencia más pura y la más digna”.
