Fueron muchos lo que temieron al chantaje, pero unos pocos advirtieron que nuestra Cancillería andaba descaminada cuando después de los hechos de Venezuela, puso énfasis en la OEA sobre la presunta legitimidad de Delcy Rodríguez y una supuesta pretensión de perpetuarse en el poder. Más realistas fueron la Unión Europea y la mayoría de países que desde un principio asumieron “un compromiso específico con esas (chavistas) autoridades venezolanas”. Ahora nuestra Cancillería corre tras la guagua “ilegítima” con anuncios de reapertura de relaciones consulares primero, la conectividad aérea y un discurso menos áspero y más diplomático. Hasta el rudo Donald Trump, protagonista de la película, el mismo 3 de enero tuvo claro, aun con las bombas humeantes y la sangre corriendo, que con esos bueyes había que arar.
