La idea de que las palabras déficits eléctrico y apagones podrían haber desaparecido, se desvanecen. Vuelven las excusas y el apagar y prender plantas. Retorna, ojalá que momentáneamente, el suplicio eléctrico. Este hecho ha marcado el inicio del sexto año de gobierno, lo que podría ser de mal augurio para una gestión que va más bien que mal, pero que empieza a dejar un saborcito de que sigue como tarea pendiente lograr un sistema eléctrico confiable, eficiente y sostenible. Lo gracioso es que la justificación de las interrupciones son casi-casi las mismas de siempre. Aunque hay que ser justos, ahora no se escucha que es para el mantenimiento “programado” de plantas ni por falta de combustible. Tampoco asoman campañas para que la gente apague un bombillo.
