Es bastante delgada la línea que separa las labores propias de un funcionario gubernamental de sus aspiraciones políticas. Nada más imaginar que tienen que andar para arriba y para abajo en vehículos oficiales, con equipos, empleados y en roce con la población, y nadie puede decir que no están “trabajando”. Incluso, resulta de difícil aplicación la advertencia de Abinader de que si quieren hacer campaña dejen sus cargos, a menos que paralice su gobierno porque esos funcionarios necesariamente no andan en proselitismo sino “trabajando”, algunos “a brazo partido” para una buena gestión de su gobierno. Lo único que haría más gruesa la delgada línea y menos dificultosa la aplicación de la advertencia, es si Abinader “siquitrilla” a los que siguen en campaña abierta y también a los que lo hacen con disimulo.
