“De tíguere a tíguere” y la posibilidad de un outsider…

Hace décadas que la llamada “Solemnidad” del Congreso se perdió y se perdió, valga la redundancia, desde El hombre del maletín, apagones y tiroteos, “Voten Honorables” y la llegada de la narcopolítica y sus personeros a los poderes públicos -2020-, (antes sólo financiaban a políticos y lavaban su malhabido dinero a través de empresarios o testaferros-riferos)-. De modo que, tal solemnidad, hace tiempo se degradó hasta llegar al descrédito público donde está hoy.

Por otro lado, usar o ingeniarse la salida coloquial “De tíguere a tíguere” dirigida a un político cualquiera, en la calle o el Congreso, no debería asumirse como un irrespeto sino como lo que es y la ciudadanía cree: que, verdad o mentira, son “ladrones” -!no todos!, aclaro- como tantas veces vociferaban los que hoy son gobierno cuando estaban en la oposición. “De tíguere a tíguere”, en consecuencia, debió quedarse como un estribillo o gaje del oficio, pues ya el extinto escritor Mario Vargas Llosa radiografió -El pez en el agua- de qué material “ético-doctrinario” está hecha la mayoría de los políticos latinoamericanos y la quimera de sus sueños “redentores”.

Y es que nuestra clase política, y no de ahora, ha degradado esa actividad como solo Juan Bosch pudo categorizar cuando habló y escribió sobre el modus operandi del pequeño burgués o clase media en actividad política y ejercicio del poder. La acumulación rápida de riquezas, de muchos, salta a la vista y no necesita espejuelo -si no, léase Los Carpinteros de nuestro “Padre de la Democracia”, Balaguer. Dejémonos de cuentos chino.

Sin embargo, tal desmadre o degradación de la actividad política tradicional, los políticos -haciendo escasas excepciones- y los “aparatos” que representan ya vienen creando las condiciones o la realidad factible para que un outsider llegue al poder o, por lo menos, obligue a rescatar la forma, el contenido y hasta pactar algunas que otras reformas y una constituyente para la emergencia de nuevos actores políticos arquetipos de otra manera de hacer política, ejercer y administrar los poderes públicos.

Y no es que El Piro, Ripoll, Tolentino (histriónico), Santiago Matías (que debería, humilde sugerencia, ser menos soez en su jerga) y otros se están creyendo que son grandes líderes o que pueden tumbar gobiernos -si se lo creen, y creo que no, están equivocados-, es que el paso por el poder de la partidocracia actual y la degradación de la actividad política ha creado ese caldo de cultivo social y, de paso, ha hecho posible que influencers, comentaristas y ciudadanos de a pie que interactúan -amén de bocinas, palaciegas u oposicionistas y atrapa-chele- en las redes sociales han relegado el rol o papel de intermediación, representación y credibilidad que otrora jugaban los partidos políticos, hacedores de “opinión pública” (no poco alejado de una auténtica deontología periodística) y la mayoría de líderes políticos; precisamente, por el accionar de estos últimos cuando ejercen el poder. Por algo, según El Piro -no olvidemos que los representantes de los partidos, en su momento, votaron a favor de esos articulados, a excepción del diputado Peledeísta Brailyn Miguel Núñez (dejamos constancia)- los convocaron a palacio a consensuar esos artículos atentatorios a las libertades públicas consignados en un Código Penal (ley 74-25) que llevó décadas para aprobar y promulgar y aun sigue sin entrar en vigencia por críticas y modificaciones pendientes. Entonces, bien por ellos, por El Piro y demás, pues no se trata solo de protestar, sino también de aportar.
*
En consecuencia, que no se quejen ni se enojen cuando se dirigen a ellos -porque el estribillo se quedó- “De tíguere a tíguere”, pues han sido los políticos, y más los del PRM, quienes les han dado vigencia, vius y razón de ser, sin descartar que -si la oposición sigue bruta-, en 2028 o 2032, los envíen al zafacón de la historia, Najayo o al vertedero de Duquesa.

Posted in OpinionesEtiquetas

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas