Los cacerolazos volvieron

Gobernar también consiste en escuchar lo que incomoda. Ignorar el ruido nunca ha sido una buena costumbre.

Escuchar artículo
0:00
-0:00
Velocidad

Anoche volvieron los cacerolazos a Bella Vista. Confieso que no me sorprendieron. Pensé que las ollas habían pasado al retiro después de las protestas de la Plaza de la Bandera. Me equivoqué. Descansaban, nada más. A las ocho de la noche recuperaron su antiguo oficio con una puntualidad que muchos funcionarios deberían imitar.

Escuché el ruido desde mi ventana. Ningún vecino parecía dirigir la protesta, pero todos sabían cuándo comenzar. Para tocar una cacerola no hacen falta ensayos ni reglamentos. Basta con que la gente llegue a la conclusión de que lleva demasiado tiempo esperando respuestas.

La clase media no acostumbra a perder la noche haciendo escándalo por diversión. Tiene trabajo al día siguiente, cuentas por pagar y pocas ganas de llamar la atención. Si, aun así, sale al balcón con una olla y una cuchara, cualquier gobernante prudente debería preguntarse qué dejó de funcionar.

Luis Abinader cumple seis años en el poder. No es un plazo breve. A estas alturas los ciudadanos ya conocen las promesas y también conocen los resultados. Las explicaciones comienzan a gastarse cuando aparecen con más frecuencia que las soluciones.

Durante los años del Partido de la Liberación Dominicana también escuché argumentos para justificar cada dificultad. El tiempo terminó haciendo su trabajo. Ningún gobierno consigue renovar indefinidamente el crédito que recibe al llegar al poder. La paciencia tiene un límite que nadie puede fijar desde un despacho.

Por eso escuché las cacerolas con atención. No porque anuncien una crisis definitiva, sino porque revelan un estado de ánimo que conviene tomar en serio. Las estadísticas pueden ofrecer tranquilidad, pero el vecino que golpea una olla suele hablar de aquello que no aparece en los informes oficiales.

Yo prefiero creer que todavía hay margen para rectificar. Gobernar también consiste en escuchar lo que incomoda. Ignorar el ruido nunca ha sido una buena costumbre. Los ciudadanos siempre encuentran alguna manera de recordarles a sus autoridades que siguen esperando respuestas concretas y oportunas para todos. Conviene salir menos en fotografías y escuchar más conversaciones comunes. Allí nadie habla para complacer al poder, sino para contar lo que vive cada día con paciencia, preocupación y expectativas todavía abiertas. conviene oír a tiempo, de no hacerlo escucharan ese ruido hasta el 2028 y ahí sí la pintura es dura.

Demuéstrame que estoy equivocado.

Posted in DE UNA SENTADA, OpinionesEtiquetas

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas