Fue el 19 de julio del año 1991 cuando los líderes políticos de 22 países iberoamericanos se reunieron en Guadalajara, México, para firmar la primera declaración de jefes de Estado y de Gobiernos que dio origen a la Comunidad Iberoamericana de Naciones y que ganó renombre como Cumbre Iberoamericana.
Este encuentro multilateral permitió que las afinidades históricas y culturales que unen a Iberoamérica se convirtieran en un instrumento de unidad y desarrollo basado en el diálogo, en la cooperación y la solidaridad.
Ya en 2020 los ministros de Relaciones Exteriores de estos 22 países acordaron establecer el 19 de julio como el Día de Iberoamérica.
Pero desde esa primera cumbre de 1991, en Guadalajara, México, en la que estuvieron 21 de los 22 miembros representados al primer nivel y que por República Dominicana asistió Joaquín Balaguer, en vez de más unidad y cooperación entre los países, el proceso ha sido a lo inverso, alejamientos y divisiones.
El mejor ejemplo es que la última de estas cumbres, en 2024, en Ecuador, fue la de mayor número de inasistencia al primer nivel con solo cuatro jefes de Estado, y para empeorar se produjo la ausencia definitiva de México, Nicaragua y Venezuela.
Una situación lamentable porque de un foro de prestigio al que personalmente acudían las máximas figuras de cada nación, la cumbre ha devenido en un encuentro sin brillo, de solo discursos y poses y sin mecanismos prácticos para implementar conclusiones.
Pero a pesar de esos avatares, el 19 de julio, debido a Guadalajara 1991, se celebra como una fecha idealmente dedicada a conmemorar la historia y la cultura de todos los países con raíces hispanas.
Esta fecha debiera servir también para que los habitantes de cada país se la tomen para destacar y compartir las diferentes características de cada cultura, desde los aspectos musicales con la riqueza de ritmos originarios de cada región, hasta la gastronomía en todas sus formas.
También debiéramos estudiar los mecanismos de cooperación que existen entre los diferentes países y acercarnos a las manifestaciones culturales más representativas, desde el joropo venezolano hasta la cueca chilena, el tamborito panameño y el merengue dominicano.
Iberoamérica tiene una enorme riqueza en su literatura, su música y su paisaje, por lo que sigue siendo la tierra de promisión que debiéramos conocer mejor y defender con más ahínco.
