Fue en 1981 cuando la Asamblea General de la ONU promulgó el 21 de septiembre como el Día Internacional de la Paz, una fecha dedicada a conmemorar los ideales de coexistencia pacífica de cada pueblo y de cada nación, con énfasis en el desarrollo social y económico en salud, educación, igualdad de género, agua, electricidad, medioambiente y justicia social, entre otros.
Esta efeméride se sustenta en el artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, lo que sienta las bases para aspirar a un mundo mejor, mientras cada año se piden 24 horas de no violencia y un alto el fuego en esta fecha.
Ante las crecientes tensiones y conflictos actuales, es crucial recordar los principios establecidos en 1999 para una cultura de paz, como el respeto a la vida, los derechos humanos y las libertades; promover la no violencia mediante la educación, el diálogo y la cooperación; y la resolución pacífica de los conflictos.
La Unesco, basada en la idea de que “las guerras nacen en la mente de los hombres” y “es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”, destaca este concepto.
Precisamente el lema para este año: “Actúa ahora por un mundo en paz”, promueve que cada persona debe trabajar desde su lugar para este objetivo.
Esto implica no dejarse llevar por los mensajes de odio que se ponen de moda en las redes sociales, no apoyar discursos belicistas y votar siempre por el diálogo.
La educación, tanto formal como informal, también es clave para sembrar valores de la paz en todas las generaciones; una sociedad tolerante que promueva la solidaridad, siempre estará más cerca de una convivencia pacífica.
Aunque parezca ocioso exigirle paz a un planeta que evolucionó a base de guerras y que invierte la mayor parte de sus riquezas en fabricar armas, mantener latente este ideal en el corazón de cada hombre y mujer es el primer paso para edificar un mundo más justo y más humano.
