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Ahora que Leonel cae en el desatino de provocar una extemporánea campaña electoral, que en vez de unirnos para enfrentar los catastróficos efectos del Covid y la invasión rusa de Ucrania nos divide alrededor de candidaturas y parcelas políticas, es oportuno valorar la real estatura de su liderazgo.

Si en verdad Leonel es un líder político de la estatura que algunos le suponen, o si su éxito político es producto del pacto del gobierno del presidente Balaguer y el ex presidente Juan Bosch en 1994 para impedir la elección presidencial de José Francisco Peña Gómez, o debido al pragmático y eficiente operador político que fue Danilo Medina.

Para demostrar peso específico, el liderazgo de Leonel tiene que sobreponerse a poderosos lastres dejados a su paso por el poder, como:

1.-Su incapacidad como presidente de la República en sus tres períodos, en momentos en que el país no estaba bajo los catastróficos efectos de una pandemia sanitaria y una guerra que acarrea una inflación global.

En septiembre de 2011, cuando creía que sería repostulado de nuevo para las elecciones de 2012, dijo en Nueva York que gastaría “40 mil millones de pesos” de los fondos públicos para que su partido continuara en el poder.

Malgastó mucho más, pues a noviembre de 2012, él mismo informó que dejaba un déficit fiscal ascendente a “RD$156 mil millones”, según difundió en su revista la Asociación de Constructores y Promotores de Viviendas.

Ese déficit elevado por Leonel a niveles insostenibles para el fisco, ha sido desde entonces tuberculosis crónica para las finanzas públicas, cuyos presupuestos son elaborados con más del 30% de deuda, en un círculo vicioso que tira a un barril sin fondo el crecimiento económico que impulsan año tras año las fuerzas productivas.

2.- Ambición continuista y corrupción. Leonel se adscribe al caciquismo político generador de corrupción, impunidad y toda clase de crímenes económicos, políticos y éticos acaecidos en el país

Presidente en 3 ocasiones, intentó repostularse a nuevos mandatos para las elecciones de 2012 y 2020 y prefirió dividir su partido ante el temor a que Danilo no le permitiera volver a ser candidato.

3.- Prostituye a gran parte de la prensa. Para darle cobertura a su desmedida ambición continuista, y ocultar lo mal parado que lo dejaba ante el pueblo su divorcio de los principios boschistas con que llegó al gobierno, Leonel contaminó uno de los pilares de la democracia, como es la objetividad y pluralidad informativa.

En su segundo gobierno se denunció que unos 3 mil servidores de la prensa, que luego serían conocidos como bocinas al servicio del PLD, pagadas con dinero de los contribuyentes, para que le apañaran u ocultaran sus deslealtades y desafueros éticos.

Tirado al ruedo de la competencia política, pero ya sin el endoso de un gobierno absolutista como el de Balaguer, o el tupido menú de artificios del poder usado por Medina, Leonel tiene que demostrar si es capaz de rebasar el 4 % y pico que obtuvo en las pasadas elecciones, pues una cosa es la retórica mediática y otra ceñirse a resultados políticos obtenidos por cuenta propia.

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