¿Es un delito para la mujer embellecer?

Hablar de un “delito al embellecerse” no significa que las mujeres no tengan derecho a cuidarse o arreglarse si así lo desean.

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La semana pasada, mientras iba camino al trabajo, sintonizaba el programa radial El Mañanero. En uno de sus segmentos de debate se abordó un tema que llamó mi atención: “¿Es un delito para la mujer embellecer?”. Durante la conversación se discutieron los diferentes procedimientos a los que muchas mujeres se someten para mantener su juventud y frescura a pesar del paso de los años.

Lo curioso fue que una de las panelistas introdujo un término que, confieso, era completamente nuevo para mí: violencia estética. Intrigada, busqué más información y encontré diversas definiciones de psicólogos y sociólogos. Una de las que más me impactaron fue la de la socióloga mexicana Marian Jesús López Alcaide, quien define la violencia estética como una imposición de estándares de belleza que puede aparecer en cualquier ámbito y a lo largo de toda la vida de una persona, especialmente en las mujeres.

Alcaide explica que la violencia estética es abrumadora porque cumplir con los modelos de belleza establecidos durante años es casi imposible. Se trata de estándares irreales que rara vez pueden alcanzarse.

Pese a lo inalcanzable de esas metas, la sociedad insiste en repetirlas e imponerlas. Una vez establecidas, diferentes agentes propagadores, como los medios de comunicación, la publicidad, las industrias cosméticas, las redes sociales e incluso los propios hombres, transmiten la idea de “cómo las mujeres deben verse o comportarse” para ser aceptadas.

Este tipo de violencia no siempre es evidente. Muchas veces se presenta de forma disfrazada, como una simple recomendación, una crítica “constructiva” o un comentario aparentemente inofensivo: “Te verías mejor más delgada”, “Ese color de cabello no te favorece”, “Ya tienes que empezar a arreglarte las arrugas”.

Son frases que, poco a poco, calan en la autoestima de las mujeres y las empujan a buscar alternativas para verse mejor. Para esto, invierten dinero, tiempo y energía en tratamientos, cirugías o productos que no siempre desean, pero sienten que necesitan para cumplir con esas expectativas sociales.

La edad no es sinónimo de fealdad, sino de experiencias y memorias llenas de vida. Hablar de un “delito al embellecerse” no significa que las mujeres no tengan derecho a cuidarse o arreglarse si así lo desean.

Sin embargo, es importante que ese deseo de cuidarse sea genuino y no resultado de la presión social por responder a un ideal de belleza impuesto. La violencia estética nos invita a reflexionar sobre hasta qué punto las decisiones de las mujeres son libres y hasta dónde están condicionadas por lo que la sociedad espera de ellas

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