¿Por qué me resisto a elogiar las acciones de los funcionarios y asumo siempre posturas críticas contra el poder político? La razón la extraigo del filósofo estadounidense del siglo XIX Ralph Waldo Emerson, quien enseñó la trascendencia de cuestionar la autoridad y las leyes para mejorar la sociedad.
Atribuir virtudes al cumplimiento del deber no ayuda a mejorar el país. Así los funcionarios honestos, aquellos que no se aprovechan de sus funciones para enriquecerse ilícitamente, son personas virtuosas, cuando en realidad lo que hacen es cumplir con la obligación para la cual fueron designados o elegidos. El papel de la prensa es el de ser crítica del poder, en cualquiera de sus dimensiones.
Ahora bien, una cosa es el elogio a una persona y otra reconocer las buenas medidas de un gobierno. Siempre estaré dispuesto a reconocer y apoyar las políticas que puedan beneficiar al país,
Escogemos cada cuatro años un gobierno con la ilusión de fortalecer la democracia y las instituciones. La peculiar visión de democracia bajo la cual hemos sido educados, nos hace creer que el compromiso de cada ciudadano con la nación obliga a votar por quién sea, lo que ha hecho así una costumbre escoger al menos malo entre opciones malas. El resultado ha sido infinidad de veces, no siempre, gobiernos comprometidos más con pequeñas oligarquías de poder, en los campos económico, social, político y religioso, que con el verdadero interés de la nación. Los custodios del patrimonio, para lo cual se escoge a un gobierno, terminan muchas veces siendo los detentadores de los bienes públicos, lo cual explica la forma brutal en que en ciertos periodos se han valido de él para su propio beneficio.
Invocando la letra de una canción, una vez me dije que en los medios se muerden “demasiados silencios”. Ese día me prometí evitarlos a cualquier precio. En este espacio no se leerán elogios de la arrogancia.
