El Día del Médico invita a celebrar, pero también a cuestionar. Porque detrás de cada bata blanca hay una realidad que va más allá de los aplausos: médicos que ejercen por vocación y otros que parecen haber olvidado que la vida está por encima del dinero.
¿Los médicos están haciendo un buen trabajo? Esa es la pregunta que me hago cada día cuando escucho historias de superación o de ayuda para conseguir un medicamento. En esos momentos, no queda más que felicitar a los médicos en su día. Sin embargo, también es justo reconocer que, con el paso del tiempo, la profesión ha perdido parte del valor y la esencia que la distinguen.
El pasado sábado escuché una desgarradora historia que me estremeció hasta las lágrimas y que, de inmediato, me hizo revivir el dolor de la muerte de mi madre, víctima de un infarto fulminante. En este caso, se trataba de un hombre que contaba cómo su madre, gravemente enferma de cáncer un diagnóstico que nunca le informaron fue ingresada en un hospital. Según narraba, los médicos conocían su estado real, pero en vez de decirle la verdad, solo le pedían dinero para un tratamiento que, aseguraban, la mejoraría.
Episodios como ese no son aislados. Hace apenas una semana, una señora me relató su amarga experiencia en un hospital de la capital, cuyo nombre prefiero reservar. Ella no recibió atención médica porque no contaba con un seguro. Situaciones como esta nos obligan a reflexionar: si estamos celebrando el Día del Médico, ¿Cómo es posible que tantas personas sigan enfrentando estas adversidades, donde salvar una vida depende más del dinero que de la vocación?
No quiero generalizar. Sé que no todos los médicos actúan de esa manera. Pero no podemos ignorar que, poco a poco, se está perdiendo el sentido del juramento hipocrático, ese pacto de servir y atender a todo paciente que llega en busca de ayuda. Hoy, muchas veces, lo que encontramos es frialdad: consultas en las que ni te miran, ni preguntan, solo te entregan una receta que te deja con más dudas que certezas.
Es cierto que el sistema de salud dominicano enfrenta precariedades que también afectan a los médicos. Pero en este Día del Médico conviene recordar que la medicina es, antes que todo, una vocación. Y que cuando se ejerce con gratitud y humanidad, el paciente lo percibe: se siente tratado como un familiar, acompañado, y con la esperanza de un diagnóstico certero.
La medicina no debería estudiarse por el cheque que llega a fin de mes, sino por la convicción de que la vida humana no tiene precio.
