¿Mejores cosas para las visitas que para los tuyos?

No es que deseo que no tengas nada para brindar, sino que la visita debe recibir lo mismo que los que vivimos en esa casa.

Venimos de tiempos difíciles y sin darnos cuenta algunos no hemos cambiado la forma de pensar. Muchas familias en los años 60 quizá no tenían suficiente. Tampoco para cambiar unas sábanas o unos platos por estar muy viejos. Pero, ¿seguimos así?

Me sorprendía mucho que las visitas comían en otros platos y siempre había algo especial para brindar. Un comentario al margen, casi siempre se ponían viejas las golosinas de brindar.

En mi casa siempre traté de que una visita no fuera tratada mal, ni tampoco por encima de mis hijos. Tenía para brindar lo que en mi casa se comía. Nunca tuve vajilla de visita.

Ya sé, algunos me criticarían si llegan y les doy agua en un vaso de diario. ¿Sabes qué? Ese no merece mi hospitalidad.
Todos sabemos cuando nos brindan algo especial o en algún recipiente de visitas. Nada más incómodo para mí que visitar una familia de bajos recursos y que sientan que no soy digno de recibir lo que tienen para ellos mismos.

Que me traten de aparentar y hasta se endeuden en la tienda de la esquina es para mí una presión. Me da vergüenza que por mí tengan que ir a buscar algo prestado.

Sé que quieren evitar las críticas, o que piense que están en una mala situación. Nada más obtuso. Aparentar lo que no somos es vivir como no somos. Es casi hasta ser quienes no somos.

Debemos ser auténticos. Si el dinero no da para cambiar las sábanas o toallas que usamos a diario, de esas mismas recibirá la visita.

Les damos a nuestros hijos una rara señal cuando somos diferentes hacia afuera que hacia dentro. No podemos ahorrar en unas cosas y no hacerlo cuando es para otros.

¿Puedes revisar si te preocupas del qué dirán los que te visitan?

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