A la escasez de hidrocarburos por el cierre del estrecho de Ormuz hoy se suma la de alimentos —y posiblemente de agua potable—. La crisis revela la fragilidad estructural de los países y ciudades artificiales erigidas a orillas del golfo Pérsico. Monarquías como Arabia Saudita, Kuwait, EAU y Omán carecen de agua dulce natural por su clima árido, lo que fuerza una dependencia crítica (hasta 90%) de desalinizadoras, vulnerables ante conflictos y que consumen mucha energía. Aunque son “superpotencias del agua artificial”, su seguridad hídrica depende de estas pocas plantas costeras. Lo primera conclusión que surge a simple vista es la siguiente: usted puede tener petróleo y abundantes riquezas, toda la riqueza del mundo, pero si carece de algo tan simple como el agua potable, usted no tiene nada…
