A la alocada carrera de aprobar leyes de los legisladores al echarse las palomas, se ajusta la expresión atribuida indistintamente a Napoleón y otros personajes: “Vísteme despacio, que tengo prisa”, en atención a que el apuro daría pie a equívocos, inobservancias y errores. A la prisa legislativa, que raya en la desesperación, también le cabe una sentencia de Sócrates: “Hay algunos que por una fruta temprana dan cuanto les demandan”, sin reparar en que cuando madura pueden comprar, con menos dinero, más y mejor fruta. Aunque para aconsejar a gente mayorcita y experimentada como nuestros diputados y senadores no hay que apelar a personajes de la historia, pues entre nosotros hubo quien lo resumió mejor: “No precipitéis”. Sean pacientes para así lograr leyes más robustas y, aparentemente, menos caprichosas.
