El título, que nada tiene que ver con Víctor Hugo, es para identificar a ciertos personajillos, hembras y varones, contra los que uno cree, por momentos, que no se puede hacer nada y definitivamente sentaron sus reales en la sociedad dominicana con su odio, escarnio y descalificación personal. Han instalado un dime y direte permanente en el diario vivir y no dejan pasar una con tal de llevar la contraria, con el agravante de que hasta medios de comunicación con fama de serios terminan abriendo espacio al que despotrica, que según San Agustín no pretende alcanzar la prosperidad de otros, sino que todos sean miserables como él. Si no hicieran tanto daño a honras y reputaciones bien ganadas, hasta sonaría gracioso escucharles contar el cuento a su manera, pero no.
