El 16 de agosto del 2028 se juramentará (en acto solemne ante la Asamblea Nacional del Congreso), un nuevo presidente en República Dominicana.
El próximo inquilino del Palacio Nacional gobernará, como lo establece la Constitución, por un período de cuatro años. La nueva estancia presidencial abarcará el período 2028-2032.
La nueva administración -es de lógica política- debe tener en su carpeta ejecutiva cuatro ejes centrales.
Más claro: me refiero a los cuatro principales puntos-problemas que por necesidad tienen que quedar resueltos con la mayor urgencia. ¡La sociedad estará al acecho!
Aquí cito esos cuatro ejes centrales.
1.) Resolver, para siempre, el histórico (en negativo) y grave problema eléctrico.
Significa aplicar una “salvadora” política que dé al traste con la larga -que parece interminable- crisis energética y así erradicar los infernales y molestos apagones. Ese será -si finalmente lo logra- el principal éxito del nuevo mandatario dominicano.
2) Limpiar, de raíz, las calles y avenidas de todo el territorio nacional que siguen atestadas de miles de niños andrajosos e indigentes.
Pero también recoger a todos los mendigos, discapacitados y pordioseros que los hay por “montones”. Ellos todos los días buscan unas monedas para tratar de subsistir.
3). El nuevo jefe de Estado, sin dilación, tiene que someter al Congreso un proyecto de ley para aumentar, al menos, el 6% que sirva para el desarrollo definitivo de la educación dominicana en todos sus niveles.
Porque, por lo que se ha visto en la práctica, el “ruidoso” cuatro por ciento, nacido en el gobierno del expresidente Danilo Medina, ¡se ha esfumado!
4) El renglón salud es el cuarto grave problema que el nuevo presidente, que tomará posesión el 16 de agosto del 2028, está en la obligación de buscarle la mejor solución. ¡Es una prioridad que hay que concretar sin dilación!
El futuro presidente de la Repúlica, durante el lapso de los tres meses que le otorga la Constitución antes de tomar posesión, debe organizar su agenda y diseñar los principales segmentos del Estado.
Buscar a los más capacitados consejeros que deberán, con una clara visión histórica de lo ocurrido en los pasados gobiernos, trazarle al nuevo gobernante las más efectivas pautas que den al traste con una gobernanza acorde con los nuevos tiempos y que se concatene con los exigentes reclamos de un país que necesita trillar el mejor camino dentro de una “convulsionada” sociedad que en ocasiones ve cuestionada su democracia.
Pero, con el nuevo mandatario, ¿podrán ser realidad los citados y reclamados objetivos?
Si hay una verdadera voluntad política, entonces no dudemos en dar la mejor respuesta: “Claro que sí”.
