Neopartidismo como medicina contra el populismo y la política de simpatía

JCE concluye proceso de recepción de aspirantes a Juntas Electorales
JCE concluye proceso de recepción de aspirantes a Juntas Electorales

Hay tres eventos de la política dominicana que pueden interpretarse bajo una misma lectura. De un lado, el ex presidente de la República, Leonel Fernández demandó al Partido Revolucionario Moderno (PRM) por supuestamente haber financiado la campaña de 2024 con fondos del Seguro Nacional de Salud. De otra parte, la Junta central Electoral (JCE) dio a conocer que este año, los partidos políticos recibirían RD$1,600 millones de pesos para sus acciones institucionales. Y lo tercero es que, la Fundación Justicia y Desarrollo Local hizo el llamado a que las organizaciones políticas cumplieran con el mandato de la ley 33-18, respecto a destinar 10% de su presupuesto a formación.

Digo que los tres eventos pueden leerse en una misma secuencia narrativa, porque presentan el panorama dominicano con los nuevos intereses de la política. A esto, si se quiere, podemos integrar el reciente escándalo que se desató en el ITLA, con una cuestión de recursos económicos. En última instancia, cada episodio apunta a una misma moraleja: cada vez es más relevante desmontar la vieja estructura del activismo de los partidos.

Conversaba hace una semana con un líder político respecto a la idea que tiene mucha gente sobre hacer política de trincheras y barricadas, con el objetivo de tener poder porque sí. De aquí se desprenden tres puntos que trataré de desarrollar en profundidad en diferentes momentos. Pero, que aquí esbozaré.

Lo primero es que, se ha puesto de moda la Instapolítica o la política de Instagram y Tiktok. Esta, en campaña está muy bien, porque sirve para conectar con posibles votantes. Pero, su relevancia es menor si se alcanza la posición deseada o si la campaña activa pasó.

Una vez termina la efervescencia electoral lo que queda es la propuesta fuerte. El resultado es que, sin un sustento que se traduzca en acciones, una vez pasado el proselitismo, se ve un empaque vacío, digamos una funda llena de aire.

La segunda cuestión es de tipo sustantiva. Constitucionalmente todas las personas tenemos derecho a elegir y a ser elegidas. Significa que en teoría bastaría con la mayoría de edad o unos requisitos mínimos para poder aspirar a una posición electiva.

Defiendo ese derecho. Aquí el reto es garantizar que esas aspiraciones e incluso la militancia descansen en una comprensión de lo que implica el ejercicio político de la ciudadanía. Pero, que se entienda también qué es un Estado, qué es un gobierno y cómo funcionan los mecanismos de representatividad.

Un empresario dominicano, que ha ocupado puestos en la administración pública, me decía hace unas semanas: Francina, aquí no hay liderazgos con visión de estadista. Tal vez no coincida del todo con él. Pero, sí considero que desde hace años se perdió la idea de administrar lo público bajo la lógica de construcción de bienestar.

Venimos teniendo gobernantes, a todos los niveles, que gestionan desde la simpatía. Hay que tomar una decisión drástica, la tomamos, pero, si el rechazo es viral en redes, entonces nos retractamos. Es necesario impulsar una reforma integral, todos sabemos que es necesario, pero, primero hacemos una encuesta y vemos a partir de ahí. La conclusión es que las decisiones de lo público se toman bajo una dinámica de estudios de mercado, como si fuéramos a lanzar una nueva marca de sopita y no a decidir sobre el presente y el futuro de la gente y la economía del país.

Lo tercero tiene que ver justamente con la asignación de recursos económicos del presupuesto nacional para los partidos políticos. Hay quienes, con justa razón, objetan esta erogación de fondos. La desconfianza en las organizaciones políticas es profunda y creciente en este tiempo.

Sin embargo, es preciso que se den estos soportes, porque de otra manera, la intervención del crimen organizado podría ser brutal en los partidos. Sin embargo, mientras a las organizaciones de la sociedad civil se las somete a un marcage abrumador cuando reciben un centavo del Estado, los partidos políticos campan a sus anchas, sin rendir cuentas a nadie de cómo, cuándo y en qué invierten cada centavo.

Por eso, ves a organizaciones haciendo llamados públicos a que los partidos cumplan con sus obligaciones. Es decir, nos vemos en la necesidad de decir: por favor, partidos, hagan lo que tienen que hacer, sean buenos.

Todo esto lo puedo condensar en lo que he llamado NeoPartidismo. El NeoPartidismo es simplemente dotar a la actividad política de una causa legítima que permita que el activismo pase de la gorra y la bandera a la acción comunitaria real. Debe integrar la conversación multisectorial, la formación permanente, la identificación de problemáticas cercanas a la gente y la capacidad de tomar posturas más allá de las ideologías.

El NeoPartidismo no tiene que ver con derecha o izquierda. Se trata de pasar la conversación del ataque a la inversión en la militancia. Quitarse el chip de la foto de candidato de Instagram y ponerse en modo acción permanente, estemos o no en tiempo de campaña; hayamos ganado o no la candidatura.

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