Luis Córdova
Especial para elCaribe
La transformación del Centro Histórico de Santiago ha dejado de ser una promesa de vanguardia para convertirse en una prueba de resistencia. El Proyecto Santiago 2025 es la inversión más ambiciosa en décadas, pero la convergencia de obras —Monorriel, Teleférico y la reparación de la avenida Las Carreras— ha agotado la ciudad corazón durante los últimos seis años. Ante este escenario, la intervención en la Calle Del Sol no puede seguir el guion original; debe ser repensada con pragmatismo de emergencia.
Es impostergable dividir la intervención en dos frentes diferenciados que devuelvan oxígeno al comercio sin renunciar a la dignidad patrimonial.
El primer frente debe ser la Plazoleta de la Fe Altagraciana. Aprovechando la ubicación estratégica de la Iglesia Nuestra Señora de la Altagracia —el único santuario mariano dedicado específicamente a la Virgen de la Altagracia en todo el Cibao—, es viable crear un nodo de alto valor turístico religioso y espiritual.
Allí se puede ensayar la peatonalización a medias y el embellecimiento en un cuadrante específico, sin estrangular el flujo vehicular de toda la arteria. Es una apuesta inteligente por el turismo de fe que fortalece nuestra identidad regional.
El segundo frente, aplicado al resto de la vía, debe limitarse —por ahora— a la recuperación de aceras y la restauración de fachadas. Mejorar la experiencia peatonal y rescatar el esplendor victoriano y republicano, pero postergando intervenciones traumáticas en la calzada que prolonguen el cierre del tránsito. No es renuncia al progreso, es una tregua necesaria para un sector comercial que ya no aguanta más “fe de erratas” en los plazos, pues el problema no solo es de cumplir plazos.
Esta pausa estratégica se justifica aún más con el futuro sistema de transporte colectivo. Sería un error histórico diseñar hoy una solución vial para la Calle Del Sol basándonos en un flujo de conchos que, por definición, deberá reestructurarse cuando Monorriel y Teleférico entren en pleno funcionamiento, produciendo una metamorfosis total del tránsito en Santiago.
La prioridad hoy es la supervivencia comercial: volver a ser atractiva frente a las megaplazas con ofertas reales, logística y seguridad. El Centro Histórico no necesita imitar la Calle Del Conde ni “condizarse”. Necesita ser él mismo, pero mejor: ordenado, accesible, patrimonialmente respetado y comercialmente vivo. Ese es el espejo en el que deberíamos mirarnos.
Dividir la intervención es un camino viable y seguro para salvar la arteria comercial más importante del Cibao y asegurarnos de que, cuando terminen las obras, todavía queden santiagueros con negocios abiertos y compradores para aprovecharla.
Se requiere repensar esta intervención con realismo santiaguero.
