No sé quizás esté equivocado o desmemoriado, pero no alcanzo a ver la táctica o la estrategia política-electoral de la oposición en estos momentos, a menos que hacer oposición sea una dispersión de voces dispares y precandidatos que hacen ruido donde sólo uno -Francisco Javier García- parece realmente interesado y un Leonel Fernández que no se sabe, a ciencia cierta, si va o se decantará por hacer relevo en el hijo (algo que habrá que ver para creer).
Y es curioso, pues, a pesar de los ruidos, todo luce como en brumas o eclipsado. De modo, para peor, que no hay asomo de voces oposicionistas que aboguen por lo fáctico: que la oposición debería ir prefigurando escenarios de alianzas, pactos o coaliciones, pues se cae de la mata que, en 2028 -como lo fue en 2024-, nadie gana solo.
Y lo anterior no anula los procesos internos de los partidos de la oposición, pues ese no es el problema sino la dispersión política-electoral de largo aliento que se otea en el espectro oposicionista y que ya, como crónica anunciada, fue categórica.
Mientras, con esa antelación, nada política, ¿quién gana? Sencillo: el partido de gobierno actual que, aunque las tiene para perder, puede mirar un resquicio por donde colarse bajo entendimientos extraños o alianzas soterradas entre aparentes contrarios, pues no es verdad que aquello de pagar el 2020 sea automático o de vida o muerte, si por otra vía se puede lograr lo mismo arrimando un guiño que bien podría agenciar Hipólito Mejía que, en todo caso, sería otro 2020; pero en el 2028, aunque solo sea para cerrar un posible récord balagueriano.
En el fondo el 2028, se nos proyecta como un epitafio maldito de figuras o líderes más que de partidos o aspiraciones auténticamente nuevas; y eso, más que halagüeño, luce a más de lo mismo o a matadero político-electoral de brumas y trapisondas que ojalá; aunque lo dudo, se disipen…
Lo repito: ojalá me equivoque, pero muchas veces no es el pesimismo lo que abate o descarrila, sino lo que se pierde de vista cuando nos ofuscamos… (hay derrotas que de lejos se pueden avizorar). En fin o de plano, el que se haga el ciego ante el desmadre actual -hipercorrupcion, empréstitos, canasta familiar por las nubes, narcopolítica, gestión fronteriza-migratoria fallida, y mád- es porque sus intereses políticos-personales o corporativos -llámese de grupos u otra índole- están por encima de la Patria y punto
